La muerte de un sacerdote en Ecuador al caerle un crucifijo durante una misa retransmitida ha disparado la comparación con 'El día de la bestia', estrenada en España el 20 de octubre de 1995. La coincidencia es real; el apocalipsis, no.
La coincidencia existe y está documentada: un sacerdote murió en Ecuador el 17 de octubre de 2026 al caerle encima un crucifijo mientras oficiaba una misa retransmitida en directo. En la película 'El día de la bestia', dirigida por Álex de la Iglesia y estrenada en España el 20 de octubre de 1995, un sacerdote muere de la misma forma poco después de advertir del fin del mundo. Entre un hecho y otro hay 31 años de diferencia, y esa es toda la conexión disponible.
Qué dice exactamente la comparación
La publicación que ha difundido el paralelismo se limita a poner las dos fechas una al lado de la otra y a señalar el parecido de las muertes. No aporta ninguna prueba de relación causal, ni falta que le hace: el gancho es la coincidencia. El problema llega cuando la coincidencia se convierte en presagio. Que dos sucesos compartan forma no los convierte en el mismo suceso, ni convierte una fecha del calendario en una señal.
Por qué una película de 1995 acaba en la conversación
'El día de la bestia' ganó seis premios Goya en 1996, entre ellos el de mejor director para Álex de la Iglesia, y se convirtió en una de las comedias más citadas del cine español. Su trama sigue a un sacerdote que cree haber descifrado la fecha del Apocalipsis y se alía con un heavy y un presentador de televenta para impedirlo. La película es una comedia satánica, no un documental. Cualquier lectura profética de su guion dice más de quien la hace que de la película.
La broma que se disfraza de señal
El mensaje que acompaña a la comparación habla de "señales" y de tener cuidado con una fecha concreta. Ese registro es el de un chiste compartido, y como chiste funciona. Como advertencia, no se sostiene: no hay ningún dato que vincule el fallecimiento del sacerdote en Ecuador con el estreno de una película tres décadas antes. La muerte de una persona, además, no es material de presagio. Conviene recordarlo antes de reenviar la próxima coincidencia.