210 escaños para reformar la Constitución: la aritmética que obsesiona a la derecha
Sumar 210 escaños no es una mayoría cualquiera: son exactamente los tres quintos del Congreso que permiten tocar la mayor parte de la Constitución sin depender del nacionalismo. Las encuestas que circulan en el entorno de la derecha dan a PP y Vox 205, a solo cinco escaños de ese umbral. La pregunta no es solo si llegarán, sino si de verdad quieren llegar. Hay quien sostiene que no harían nada; hay quien cree que sería el fin del régimen del 78.
La diferencia entre 205 y 210
Con tres quintos se pueden reformar la mayoría de los artículos, incluido el modelo autonómico, con ratificación en referéndum en algunos supuestos. Para los artículos fundamentales, el procedimiento es más duro: mayoría cualificada, disolución de las Cortes, nuevas elecciones y una segunda votación con la misma mayoría. Ese último escalón es, precisamente, el que se considera imposible de alcanzar en una segunda convocatoria, porque los españoles tienen «mucho cariño a las leyes que les perjudican».
El PP no moverá ni una coma
La corriente dominante en esta discusión es escéptica. Se señala que el PP no va a cambiar ni una coma de la Constitución, que no desalojará a los altos cargos heredados y que ya mira con otros ojos los pactos con los nacionalistas para quitarse a Vox de encima. Los gobiernos autonómicos de PP y Vox, dicen, no han modificado nada sustancial; el «marxismo cultural» se ha impuesto con más fuerza. En esta lectura, el objetivo de los dos grandes partidos es el mismo: reducir la libertad de los españoles y concentrar poder y dinero.
La herencia de Gramsci y la asfixia financiera
Otra corriente sostiene que una mayoría parlamentaria no basta: hace falta romper la hegemonía cultural de la izquierda, porque si no el cambio será efímero y el PSOE revertirá la reforma en cuanto vuelva al poder. Algo así, recuerdan, pasó en el siglo XIX con constituciones que iban y venían. La estrategia, por tanto, pasaría por un año previo de asfixia financiera: cortar el grifo a chiringuitos, colectivos y partidos para luego reformar con tranquilidad. La Disposición Transitoria Cuarta es el objetivo confesado; el día que se derogue, dicen, hay que celebrarlo.
Las medidas concretas que se atribuyen a 210 escaños
El listado de gestos concretos va desde prohibir el burka en espacios públicos, bajar el IRPF autonómico, eliminar el impuesto de sucesiones, ceder solares públicos para vivienda o limitar la enseñanza del valenciano en zonas donde no se ha hablado nunca. Pero hay consenso en que dos líneas rojas no se cruzarían: las pensiones y los funcionarios, porque son su granero de votos. La ofensiva contra la inmigración irregular sería el único punto donde la base está de acuerdo y es fácil de empujar, porque de momento no vota.
Y queda la paradoja final: si el sistema te sonríe con 210 escaños, ¿para qué querrías cambiarlo? Entre los que creen que no pasará nada y los que temen que pase todo, hay un dato incómodo: el PP tiene más incentivos en pactar con el nacionalismo que en enterrar la Constitución de 1978. ¿Y si el camino hacia los tres quintos llevara, simplemente, a ninguna parte?