Del «en tres días» al 9 de mayo: la guerra mundial que no llegó
La III Guerra Mundial no se oficializó el 9 de mayo. No hubo declaración, no hubo movilización total y no hubo discurso histórico. El pronóstico que, según sostenía un forero, se daba por cantado en las horas previas al desfile de Moscú —filtraciones, rumores, analistas, medios, servicios de inteligencia, publicaciones— se deshizo en cuanto Putin terminó de hablar. De aquel episodio no queda una guerra: queda un rastro de previsiones incumplidas y una pregunta incómoda. ¿Por qué cada pocas semanas se compra el mismo billete?
¿Qué se esperaba del discurso de Putin del 9 de mayo?
Se esperaba la fecha clave. El 9 de mayo, aniversario de la victoria soviética sobre la Alemania nazi, es el día en que Moscú exhibe su arsenal en la Plaza Roja. La previsión que circulaba era que Putin usaría el atril para anunciar la declaración de guerra y una movilización general. Nada de eso ocurrió.
Hay quien sostiene que el discurso se quedó corto incluso para los más pesimistas, que esperaban alusiones gruesas y encontraron propaganda de manual. Otros habían anticipado un giro distinto: que el presidente ruso diera por cerrada la guerra como estaba y dejara a los demás seguirla si querían. Ni una cosa ni la otra.
El «en tres días» que ya había fallado antes del 9 de mayo
Antes del 9 de mayo ya había un cadáver en el armario: la previsión de que la operación se resolvería en tres días. Según un forero, lo de los tres días era ya el plan B, y el plan A consistía en una toma estilo Kabul 1979 en cuatro horas. También se reprochó a otro participante haber anunciado a finales de febrero que le quedaban «dos domingos».
Ese mensaje resume el género entero. Cada plazo nuevo hereda la autoridad del plazo fallido anterior. Y el resultado es siempre el mismo: quien acierta el error ajeno cobra; quien erró su propio pronóstico no paga nada.
¿Ha ocurrido la declaración de guerra?
No. La pregunta se repite, medio en broma, cada vez que vence una fecha. La respuesta no cambia. Cuando alguien vuelve a insistir en que todo apuntaba a declaración de guerra y movilización total en Rusia, le cae encima una pregunta sencilla: cuántas veces ha acertado hasta ahora.
El contraste entre las dos familias de pronóstico es lo más interesante del asunto. Unos vaticinaban escalada total; otros, calma y hastío. Ninguno acertó del todo. Según un forero, el papa Francisco había situado en mayo el final del conflicto, y varios medios daban por hecho que Putin cantaría victoria en esa jornada. Los plazos llegaron y no ocurrió lo anunciado.
El mercado que no se enteró de la III Guerra Mundial
Según uno de los participantes, el S&P 500 subió tras el discurso. Ese es el dato que descoloca a quien esperaba el colapso. Mientras una parte del personal debatía entre comprar yodo o sellar el pasaporte, el índice habría celebrado la ausencia de anuncios con subidas. Los mercados no son más listos que nadie, pero suelen ser más rápidos: según esa lectura, llevaban semanas descontando lo contrario de lo que prometían los titulares.
No es un argumento definitivo, porque los índices se equivocan a diario, pero sí un termómetro incómodo. Si de verdad se estuviera ante la antesala de una conflagración, el precio del riesgo lo diría. No lo dijo.
Yodo, gasolina a 3 euros y latunes para un año
El preparacionismo de salón tuvo su momento. Hubo quien dijo que pillaba yodo en plena fiebre atómica, y quien metió en el paquete apocalíptico una gasolina a 3 euros. No es una exageración de quien escribe: forma parte literal del pronóstico. También apareció la despensa infinita, ese cálculo de latunes para un año que acompaña puntualmente a cada anuncio de fin del mundo.
Conviene decirlo sin condescendencia. Prepararse no es de necios; lo necio es prepararse para el escenario equivocado y a destiempo. El paquete incluía guerra nuclear, racionamiento y precio récord del carburante. Ni una de las tres cosas se materializó en la fecha señalada, y el repertorio quedó guardado para la siguiente.
«En España no pasa nada y todo el mundo está tranquilo en el bar»
Ahí va el apunte histórico, probablemente el más sensato de todo el repertorio, y lo firma un forero. Según su relato, durante la Segunda Guerra Mundial circulaban tranvías, había bares abiertos y Hemingway se emborrachaba en Chicote, en la Gran Vía de Madrid. No era señal de que no pasara nada, pero tampoco de que la vida se hubiera detenido del todo. La comparación se sostiene: los acontecimientos transcurren lejos y llegan por información interesada, mientras aquí la rutina sigue intacta. La diferencia es la intermediación. El conflicto llega filtrado, editado y a menudo interesado. Y esa distancia es el terreno abonado para los pronósticos imposibles.
Qué cabe esperar de la próxima fecha señalada
Nada indica que el siguiente plazo vaya a ser el bueno. Quedan escenarios abiertos, eso es cierto, y la ausencia de una declaración formal no equivale a paz. Pero con este historial de fechas incumplidas, conviene recordar que quien acierta una vez no acierta siempre, y quien yerra diez puede errar la once. La tercera guerra mundial, si llega, probablemente no avise con el titular que todos esperan. Con reservas: la única lección sólida que deja el episodio es que los plazos de la geopolítica se parecen bastante a los de la bolsa. Nadie sabe cuándo, y quien dice saberlo suele estar vendiendo algo.