Iraníes queman la tumba de Jomeini: la economía, clave del malestar
Más de un centenar de manifestantes habrían muerto en las protestas que estallaron en Irán tras la quema de la tumba de Ruholá Jomeini, fundador de la República Islámica. Las imágenes muestran a mujeres fumando y lanzando a las llamas el retrato del ayatolá. Pero lo que parece un estallido político tiene raíces profundamente económicas: la inflación galopante, la devaluación del rial y una sequía persistente han empujado a una población joven y desesperada.
El detonante: pan y trabajo, no solo libertad
Las protestas no nacen en un vacío. El pacto nuclear de 2015 prometió desbloquear inversiones y modernizar la economía, pero la retirada de Estados Unidos en 2017 lo dinamitó. Desde entonces, la moneda se ha depreciado más del 80%, los precios de los alimentos se han disparado y el desempleo juvenil ronda el 30%. La sequía de los últimos años ha vaciado embalses y provocado evacuaciones. En este contexto, la tumba de Jomeini se convierte en un símbolo de un régimen que no ha cumplido sus promesas.
Un sector del análisis sostiene que las protestas son un estallido por la subsistencia, no por la democracia: “Son protestas por el pan”, se repite en los debates. Otros argumentan que la quema de la tumba representa un rechazo frontal a la teocracia, una demanda de libertad que se venía gestando desde las revueltas de 2022 por el velo obligatorio. Ambas posturas coinciden en que la economía es el combustible, aunque discrepan en si la chispa fue política o simplemente el hambre.
¿Quién está detrás? Teorías de intervención externa
Las sospechas de injerencia extranjera recorren el hilo. Que si Estados Unidos e Israel mueven los hilos para desestabilizar a un país con petróleo y conflictivo con Occidente. Que si las imágenes de las protestas son fabricadas o amplificadas por medios anglosajones. Incluso se menciona a la BBC como instrumento que llevó a Jomeini a Francia en 1979. No faltan quienes ven la mano de los “anglocabrones” o del Mossad. Pero una corriente escéptica recuerda que la crisis interna es real y que atribuirlo todo a conspiraciones resta agencia al pueblo iraní.
El futuro del régimen
La pregunta que divide es si estas protestas pueden derribar a los ayatolás. Los optimistas señalan que la combinación de juventud, hambre y desencanto puede repetir el patrón de las primaveras árabes. Los pesimistas recuerdan que el aparato represivo es eficaz y que, sin una alternativa organizada, las protestas se desgastan. La monarquía que algunos añoran no convence a todos: “Sustituir una teocracia por una monarquía medieval no es solución”, se lee. Otros apuestan por una república democrática. Mientras, los muertos se cuentan por cientos y los vuelos a Teherán se cancelan.
Lo que el dato no dice es si esta vez será diferente. Las llamas sobre la tumba de Jomeini iluminan una contradicción: el régimen que prometió justicia social ha generado la mayor desigualdad de la región. La pregunta que nadie contesta es si el próximo invierno traerá más pan o más fuego.
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