Periodistas firman un manifiesto contra la «máquina de fango»
Un manifiesto firmado por miles de periodistas para exigir el fin de la «máquina de fango» y del «golpismo» ha generado un intenso debate sobre la independencia de los medios y la relación entre prensa y poder político. La iniciativa, difundida a través de redes sociales, ha sido respaldada por profesionales como Iñaki Gabilondo, mientras otros nombres conocidos del periodismo español no han estampado su firma. El texto, que según sus impulsores busca defender la democracia frente a ataques coordinados, ha sido recibido con escepticismo por quienes consideran que los firmantes forman parte de un ecosistema mediático alineado con el Gobierno.
El manifiesto y sus firmantes
El manifiesto, promovido por un grupo de periodistas, exige acabar con la «máquina de fango» y el «golpismo», términos que sus impulsores utilizan para describir lo que consideran una campaña de desinformación contra el Ejecutivo. La lista de firmantes incluye a Iñaki Gabilondo, según se ha difundido en redes sociales, y a otros profesionales de medios como la Cadena SER, Público o RTVE. Sin embargo, la ausencia de nombres como los de Ferreras, Angels Barceló, Pepa Bueno o Nachete Preescolar ha sido señalada como un indicio de que ciertos sectores periodísticos prefieren mantenerse al margen.
La iniciativa ha sido presentada como un movimiento ciudadano y profesional, pero las críticas no han tardado en llegar. Desde diversos ámbitos se argumenta que los firmantes forman parte de lo que denominan «estómagos agradecidos del Régimen», una expresión que sugiere una relación de dependencia con el poder. Otros sostienen que el manifiesto es un intento de blindar al presidente frente a las investigaciones judiciales que afectan a su entorno.
¿Qué es la «máquina de fango» y el «golpismo»?
La «máquina de fango» es el término que los firmantes utilizan para referirse a una supuesta estrategia de desinformación y ataques coordinados contra el Gobierno y sus aliados. El «golpismo», por su parte, aludiría a intentos de desestabilización política por vías no democráticas. Ambos conceptos aparecen en el manifiesto como amenazas que justificarían la movilización de los periodistas.
Los críticos con la iniciativa consideran que estos términos son una cortina de humo para desviar la atención de casos de corrupción que afectan a miembros del Ejecutivo. Se menciona, por ejemplo, que el manifiesto se produce en un contexto de investigaciones judiciales sobre Begoña Gómez y el hermano de Sánchez, aunque el texto no aborda directamente estos asuntos. La discusión derivó hacia la calidad de los firmantes y la supuesta uniformidad ideológica de los medios que representan.
Reacciones y división en el sector
La publicación del manifiesto ha evidenciado una fractura en el periodismo español. Por un lado, quienes lo respaldan sostienen que es necesario defender la profesión frente a los ataques del «régimen» y de los «fachos»; por otro, quienes lo critican señalan que los firmantes son parte del establishment mediático y que su defensa de la democracia es selectiva.
Entre las voces críticas se ha señalado que la lista de firmantes incluye a profesionales de medios públicos como RTVE, lo que a su juicio compromete la imparcialidad de la corporación. También se ha cuestionado la ausencia de periodistas de medios considerados críticos con el Gobierno, lo que reforzaría la tesis de que se trata de un manifiesto partidista. La discusión ha derivado en un intercambio de acusaciones sobre quién está al servicio de quién.
El papel de los medios públicos
La participación de periodistas de RTVE en el manifiesto ha suscitado un debate específico sobre la imparcialidad de la radiotelevisión pública. Se argumenta que los profesionales de medios financiados con dinero público deberían mantener una neutralidad política y no significarse en iniciativas de este tipo. La firma de Silvia Intxaurrondo, presentadora de TVE, ha sido especialmente criticada por quienes consideran que su respaldo al manifiesto compromete su objetividad.
Desde la defensa del manifiesto se sostiene que la imparcialidad no implica neutralidad ante lo que consideran ataques a la democracia. La discusión refleja una tensión más amplia sobre el papel de los medios públicos en un entorno polarizado, donde cada gesto es interpretado como una toma de partido.
Consecuencias y estado actual
El manifiesto sigue abierto a nuevas firmas y ha generado un intenso debate en redes sociales. No se ha producido una reacción oficial por parte del Gobierno ni de los partidos de la oposición. La iniciativa ha servido para retratar las alianzas y fricciones dentro del sector periodístico, y ha dejado en evidencia la dificultad de alcanzar un consenso sobre lo que significa defender la democracia desde los medios.
La lista de firmantes, que inicialmente se publicó de forma abierta, fue puesta en modo privado tras la filtración de algunos nombres, según se ha comentado. Esto ha alimentado las sospechas de que algunos profesionales prefieren no aparecer públicamente por temor a represalias o a perder su credibilidad ante ciertos sectores de la audiencia. El episodio deja una pregunta abierta: ¿puede un manifiesto de periodistas ser un acto de defensa de la profesión o es inevitablemente una toma de posición política?