Reciclar por entradas de cine: la máquina de Pamplona que revive el trueque de envases
En enero de 2011, la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona instaló en la calle Ciudadela una máquina pionera en España: depositar una botella de plástico o una lata y obtener un punto canjeable por entradas de cine. El experimento prometía incentivar el reciclaje con una recompensa inmediata, pero quince años después, el debate sobre su eficacia y el modelo de gestión de residuos sigue abierto.
Un modelo que ya existía: el retorno de envases en los 80
El sistema no es nuevo. En España, durante los años 80 y principios de los 90, los envases de vidrio retornables se devolvían en tiendas y supermercados a cambio de 25 pesetas por botellín. “Muchas tardes iba con unos amigos a merendar de gratis, porque no era difícil encontrar botellas”, recuerda un participante. Aquel circuito se desmanteló con la llegada de los envases de un solo uso y el actual sistema de puntos limpios y contenedores.
El ejemplo de Noruega: pagar por reciclar a 1-3 coronas por envase
En países como Noruega, el sistema de depósito y retorno funciona a gran escala. Por cada lata de cerveza o zumo, y botellas de plástico de refresco, se devuelven entre 1 y 3 coronas (unos 0,10-0,30 €). Hay personas que se dedican a recoger latas y botellas de los contenedores y se sacan un dineral. La máquina detecta el tipo de envase y lo clasifica automáticamente. En otros países, como México, el sistema es distinto: se cobra la botella en el precio y la gente, para ahorrarse el depósito, vacía el refresco en una bolsa.
El negocio del reciclaje: ¿quién gana con nuestros residuos?
La crítica recurrente es que los ciudadanos regalan los envases a las empresas de reciclaje, que además reciben subvenciones públicas. “Imaginaos la pasta que se sacan las empresas de reciclaje si todos esos productos se los regalamos”, apuntan algunos. El sistema de Pamplona, aunque modesto, plantea una alternativa: si el incentivo económico es suficiente, la gente responde. Pero el éxito depende de la magnitud de la recompensa. Con 50 céntimos por envase, como se ha visto en algunas máquinas en otros países, las calles se limpiarían solas.
La iniciativa de Pamplona quedó en anécdota. El verdadero salto sería implantar un sistema de depósito y retorno como el noruego, con valores suficientes para que recoger envases no sea caridad, sino un mercado. Mientras tanto, seguimos pagando impuestos para que otros gestionen lo que en otros lugares ya se paga en el mostrador.
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