El hilo culpa a la mujer trabajadora y a la inmigración
El tercer tramo del hilo abandona las cuentas de la reforma y se adentra en el reparto de culpas. En los 40 mensajes escritos entre el 19 y el 20 de septiembre, la conversación deja los presupuestos de obra y pasa a la incorporación de la mujer al mercado laboral, la inmigración y el voto de la protagonista. El hilo culpa a la mujer trabajadora y a la inmigración de la devaluación salarial, según una parte de los mensajes, que sostiene que ahora hay más manos compitiendo por el mismo trabajo y por el mismo piso. Otros responden con cifras de rehabilitación y con el ejemplo de los abuelos que emigraron y volvieron con dinero suficiente para comprar. María, la celadora de 34 años que vive en casa de su madre, deja de ser un caso y se convierte en el blanco: se discute si votó, qué cualificación tiene su puesto y si debería haber renunciado a su plaza antes que instalarse en una ciudad cara.
Qué se ha sabido
Un participante aporta una cifra histórica: con Franco trabajaba como mucho el 30% de las mujeres, y sostiene que su incorporación masiva al mercado laboral en los años 80 fue "el inicio del fin" porque devaluó el trabajo. Otro revisa el texto original, recuerda que María lleva 13 años trabajando y pone en duda la cualificación del puesto de celadora, que compara con el antiguo camillero con graduado escolar. Un tercero propone que se haga camionera —dice que hay trabajo "a patadas"— y que viva en el camión para ahorrarse el alquiler, o que se mude a cualquier pueblo, porque el camión no depende de dónde se viva. Varios mensajes repiten la cifra de 1.500 euros como sueldo de María en Madrid y sentencian que con esa cantidad no se vive solo en la capital. Uno de ellos calcula que un viaje ajeno de 1.500 euros equivale al alquiler que ella no puede pagar, y otro añade que la plaza es una buena opción si se compatibiliza con trabajos de vigilancia en eventos.
La cifra de construcción entra con otro usuario, que sitúa el presupuesto de rehabilitación con material medio en Madrid en 1.000 euros por metro cuadrado el año pasado y traslada la cuenta a un piso. Ese mismo participante cuenta que su abuelo emigró, volvió con lo ganado y montó una tasca que le permitió comprar un piso nuevo de 100 metros en una capital de provincia; añade que él y todos sus hermanos, emigrados y retornados, tienen piso propio.
Otro participante pregunta si María votó a favor de "meter 25 millones de personas nuevas" y si eso tiene que ver con la subida de precios. Un mensaje más corto alude a la Agenda 2030 y a la familia, sin aportar ninguna prueba. También se pregunta cómo es posible que, habiendo millones de parados, se rechacen puestos de trabajo, y se responde que será porque no hay tanta necesidad. La inmigración reaparece sin datos que la respalden, atribuida al encarecimiento, y se responde que los empresarios no encuentran gente en ciertos sectores por lo que pagan. Un usuario compara generaciones y sostiene que antes se empezaba a trabajar pronto y se tenía piso a los 30, mientras que ahora se vive en casa de los padres coleccionando figuras y comprando móviles a plazos. Y otro resume: "El equilibrio entre salarios y coste de vida está roto", aunque añade que un porcentaje enorme de jóvenes no se esfuerza, con becarios que no se presentan a trabajar, y remata que las dos cosas son ciertas.
Las posturas
El choque principal de este tramo ya no es cómo se paga una casa, sino quién tiene la culpa de que no se pague. Por un lado está el bloque que responsabiliza a la incorporación de la mujer y a la inmigración: sostiene que el trabajo se devaluó al haber más mano de obra disponible, que el problema no es de precios sino de competencia y que la familia tradicional funcionaba mejor. Una segunda postura apunta al voto: hay quien pregunta directamente a qué partido votó María y le desea que le vaya como al que plantea la pregunta. Otra parte carga contra el relato de la protagonista: se duda de su esfuerzo, de su cualificación y de si debería haber renunciado a la plaza antes que instalarse en una ciudad cara.
Frente a ellos, otro grupo defiende que el problema es de estructura y no de conducta individual: "El equilibrio entre salarios y coste de vida está roto", y la vivienda pública, según un mensaje, acaba en manos de personas migrantes mientras quien paga impuestos desde siempre se queda fuera; el mismo usuario reta a que se solicite vivienda pública para comprobar el resultado. Un cuarto grupo discute el pluriempleo: se afirma que lo normal era trabajar unas horas más para permitirse lujos, no para llegar a fin de mes, y que hoy hay quien encadena dos empleos a los 50 y a los 60. También hay quien reduce el asunto a una "guerra de sexos" del feminismo, y quien sostiene que a las mujeres no les vale cualquier pareja y prefieren alquilar solas.
El tono sube y alguien rectifica a medias: el usuario que había cifrado la rehabilitación responde a los insultos afirmando que rehabilita una casa familiar abandonada porque le gusta y porque no va a pagar un dineral por mantenerla. Otro participante da el hilo por cerrado con una imagen: "Ha tardado 34 años en darse cuenta de que los gatos no pueden remar. Fin del hilo."
Lo que cambia respecto a antes
Se da por superada la discusión sobre si la reforma del piso es viable: el piso ruinoso solo sirve ya para calcular un precio por metro cuadrado. Lo que entra de verdad es el eje mujer-trabajo-inmigración, que ocupa la mayor parte del tramo junto a la pregunta sobre el voto de la protagonista. También aparecen el pluriempleo como norma, la vivienda pública y a quién se le asigna, y una pregunta sin responder sobre por qué se rechazan puestos de trabajo con millones de parados. La predicción irónica que cierra es que María triunfará en la gran ciudad y se casará con un millonario; frente a eso, otro participante sostiene que el precio de los pisos "solo va para arriba".