AdriAdri0097
Madmaxista
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María Vanesa Fernández tenía una vida normal hasta que, en agosto del 2023, un cansancio crónico la invadió. Recuerda que, ejerciendo como reponedora en el supermercado, «me levantaba para hacer mi turno y el resto del tiempo estaba en cama porque no podía». Empezó a tomar analgésicos para hacerle frente, sin éxito. También perdió peso: «Unos 26 kilos, me pesaban hasta los zapatos». Hasta que el día 23 decidió ir al médico. «Y nunca más volví a tener mi vida». Han pasado tres años y María Vanesa sigue sin un diagnóstico. «Pasé por neurología, hematología, endocrinología, un montón de especialidades. Cada uno pide sus pruebas, pasan los meses, y así sigo».
A la fatiga crónica se empezaron a sumar síntomas digestivos. «Como al mediodía y por la tarde, vomito la comida», relata. Se ha sometido a varias pruebas, como una gastroscopia y colonoscopia, y está pendiente de otras. «La endocrinóloga sospecha que se trata de algo relacionado con el funcionamiento del aparato digestivo, que tenga un tumor o una obstrucción». Mientras tanto, «el digestivo sospecha de colon irritable» y en la consulta de neurología consideran que puede tratarse de una enfermedad sistémica, «porque algunos valores no dan bien, pero no se sabe qué patología puede ser».
María Vanesa tiene 48 años y lamenta que, cada día, va a peor, sin respuestas sobre un porqué. Le cuesta subir escaleras, su movilidad e independencia se resienten cada vez más y las palabras salen con dificultad de su boca. «Sí, me cuesta hasta hablar, se me va la voz», reconoce. «Tengo dificultades para respirar, me encantaría no tener que hacerlo. No es que no me entre aire, es que me agota hacerlo. Duermo fatal, sufro dolores musculares, calambres y, aunque haga calor como ahora en verano, yo siempre tengo frío».
Un «sinvivir»
Le dieron la incapacidad laboral. «Lloré y todo, porque yo lo que quiero es mi vida. Tengo dos descendientes, uno de 28 años y otro de 24, a los que siempre les digo que menos mal que tengo una cabeza amueblada, porque si no...». Su salud mental también se resiente. «Tenía una vida súper activa, iba a mi trabajo y sacaba a mi cortesana, fui toda la vida una curranta. Y siempre te preguntan si pudo haber algún detonante. No, todo el mundo tiene problemas, pero yo en ese momento estaba bien». María Vanesa anhela, como no puede ser de otra forma, tener un diagnóstico. «Aunque no vuelva a recuperar mi vida normal, por lo menos saber lo que tengo. Esto es un sinvivir. Tiro para adelante y me obligo a hacer cosas, porque hay días que no me apetece dar un paseo ni nada, pero tengo que hacerlo a pesar de no encontrarme bien».
María Vanesa está enferma y, tras años de consultas, no tiene diagnóstico: «Nunca más volví a tener mi vida»
En agosto del 2023 empezó a sentirse cansada y después de toda una odisea de citas médicas, sigue sin saber qué se esconde detrás de sus múltiples síntomas
María Vanesa Fernández tenía una vida normal hasta que, en agosto del 2023, un cansancio crónico la invadió. Recuerda que, ejerciendo como reponedora en el supermercado, «me levantaba para hacer mi turno y el resto del tiempo estaba en cama porque no podía». Empezó a tomar analgésicos para hacerle frente, sin éxito. También perdió peso: «Unos 26 kilos, me pesaban hasta los zapatos». Hasta que el día 23 decidió ir al médico. «Y nunca más volví a tener mi vida». Han pasado tres años y María Vanesa sigue sin un diagnóstico. «Pasé por neurología, hematología, endocrinología, un montón de especialidades. Cada uno pide sus pruebas, pasan los meses, y así sigo».
A la fatiga crónica se empezaron a sumar síntomas digestivos. «Como al mediodía y por la tarde, vomito la comida», relata. Se ha sometido a varias pruebas, como una gastroscopia y colonoscopia, y está pendiente de otras. «La endocrinóloga sospecha que se trata de algo relacionado con el funcionamiento del aparato digestivo, que tenga un tumor o una obstrucción». Mientras tanto, «el digestivo sospecha de colon irritable» y en la consulta de neurología consideran que puede tratarse de una enfermedad sistémica, «porque algunos valores no dan bien, pero no se sabe qué patología puede ser».
María Vanesa tiene 48 años y lamenta que, cada día, va a peor, sin respuestas sobre un porqué. Le cuesta subir escaleras, su movilidad e independencia se resienten cada vez más y las palabras salen con dificultad de su boca. «Sí, me cuesta hasta hablar, se me va la voz», reconoce. «Tengo dificultades para respirar, me encantaría no tener que hacerlo. No es que no me entre aire, es que me agota hacerlo. Duermo fatal, sufro dolores musculares, calambres y, aunque haga calor como ahora en verano, yo siempre tengo frío».
Un «sinvivir»
Le dieron la incapacidad laboral. «Lloré y todo, porque yo lo que quiero es mi vida. Tengo dos descendientes, uno de 28 años y otro de 24, a los que siempre les digo que menos mal que tengo una cabeza amueblada, porque si no...». Su salud mental también se resiente. «Tenía una vida súper activa, iba a mi trabajo y sacaba a mi cortesana, fui toda la vida una curranta. Y siempre te preguntan si pudo haber algún detonante. No, todo el mundo tiene problemas, pero yo en ese momento estaba bien». María Vanesa anhela, como no puede ser de otra forma, tener un diagnóstico. «Aunque no vuelva a recuperar mi vida normal, por lo menos saber lo que tengo. Esto es un sinvivir. Tiro para adelante y me obligo a hacer cosas, porque hay días que no me apetece dar un paseo ni nada, pero tengo que hacerlo a pesar de no encontrarme bien».
María Vanesa está enferma y, tras años de consultas, no tiene diagnóstico: «Nunca más volví a tener mi vida»
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