Maricarmen y el pensamiento Alicia (Ignacia de Pano en Vospópuli)

Maricarmen y el pensamiento Alicia (Ignacia de Pano en Vospópuli)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

El "pensamiento Alicia", que confunde deseo y realidad, se ha infiltrado en el debate sobre la vivienda, llevando a políticas que, en lugar de solucionar el problema, lo agravan al ignorar las leyes económicas. El "pensamiento Alicia", acuñado por el profesor **Gustavo Bueno**, describe una forma de pensar que se representa un mundo distinto del real, un mundo al revés, como si se estuviera en el País de las…

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El "pensamiento Alicia", que confunde deseo y realidad, se ha infiltrado en el debate sobre la vivienda, llevando a políticas que, en lugar de solucionar el problema, lo agravan al ignorar las leyes económicas.

La ilusión de la vivienda asequible

El "pensamiento Alicia", acuñado por el profesor Gustavo Bueno, describe una forma de pensar que se representa un mundo distinto del real, un mundo al revés, como si se estuviera en el País de las Maravillas. No distingue entre deseo y realidad, entre actos y consecuencias. En política, se manifiesta en la enunciación de grandes objetivos, como la paz mundial o la disolución de fronteras, sin considerar las dificultades reales para alcanzarlos. Es una actitud infantil, simple y frívola que apela a un público receptivo a mensajes más propios de cuentos de hadas. Hay un componente de pensamiento mágico: la creencia de que, si se habla lo suficiente sobre la necesidad de vivienda barata y digna, se puede conjurar la realidad económica que lo impide. La realidad, sin embargo, es que las grúas de construcción se han vuelto escasas en nuestras ciudades. Al promotor privado ya no le salen las cuentas. Las innumerables trabas burocráticas, el aumento vertiginoso de los costes y la demora en la obtención de beneficios han convertido la construcción en un negocio poco rentable.

En la afirmación de que "todos tenemos derecho a una vivienda digna", se olvida deliberadamente la segunda parte de la ecuación: ese derecho no implica la obligación altruista de otro ciudadano de proporcionarla. Esto es lo que le ocurrió al primer propietario de una vivienda en Madrid, quien se benefició de un contrato de arrendamiento de renta antigua. Dicho contrato, con sus sucesivas prórrogas, venció para la subrogada en 2004, pero el propietario la mantuvo vigente durante catorce años más, a un precio simbólico. Finalmente, harto de que los costes de mantenimiento superaran los ingresos por alquiler, no le quedó más remedio que venderla por una cifra muy inferior a la de mercado, renunciando a cualquier beneficio.

La ausencia de gratitud y la realidad del mercado

A pesar de las continuas manifestaciones de la inquilina en cuestión, nunca se ha escuchado una palabra de agradecimiento al propietario que, sin obligación legal alguna, la mantuvo en el piso durante más de una década a un precio irrisorio. Hubiera sido un gesto elegante recordar que, durante esos catorce años, nunca fue importunada en el disfrute de la vivienda. Tampoco se ofreció a renovar el contrato en condiciones más justas para la propiedad. La inquilina, funcionaria jubilada, parece creer que el mundo le debe la posibilidad de vivir en una zona privilegiada de Madrid casi gratis. El brusco encuentro con la realidad la ha dejado incapaz de comprender que, con un mínimo interés por su parte, ese desahucio podría haberse evitado.

El "pensamiento Alicia" se ha apoderado de gran parte de la argumentación sobre la vivienda por parte de la extrema izquierda. Se habla de expropiación, como ocurrió en una comparecencia televisiva. Sin embargo, cuando el propietario amenazado pide que se le expropie porque ya no puede más, la propuesta se desvanece rápidamente, ya que el gobierno no quiere ni puede gastar dinero en expropiaciones. Se trata de amenazas vacías, discursos adolescentes y medidas intervencionistas que generan el efecto contrario al buscado. Nadie puede obligar a alquilar una casa si no se desea, y la amenaza de cargas fiscales extraordinarias a las viviendas vacías no es una solución, ya que, como demostró el primer propietario, siempre se puede vender.

El criterio patriota y la retirada de la oferta

Cuanto más "pensamiento Alicia" hay, cuanto más se busca asegurar la permanencia ilimitada del arrendatario en un inmueble, más se retrae la oferta. Los propietarios, temerosos de quedarse atados a inquilinos problemáticos, retiran sus viviendas del mercado. Como resultado, cientos de miles de pisos han desaparecido silenciosamente, y los que quedan exigen a los candidatos requisitos que hace años se considerarían inhumanos.

Hace unos días, una empresa familiar puso en alquiler un piso en Barcelona. Era una oportunidad: 92 metros cuadrados en zona tensionada, en perfecto estado, en una finca modernista rehabilitada. En los primeros diez minutos de publicación, se recibieron 250 solicitudes en firme, muchas de ellas acompañadas del historial económico de los solicitantes. Los propietarios decidieron aplicar un criterio patriota para la selección: se adjudicaría, a ser posible, a una pareja española, en lugar de a nómadas digitales con economías más abultadas. Esperemos que este idealismo les salga bien y no tengan que lamentar la ausencia de un programador californiano o una diseñadora noruega, porque, al igual que al primer propietario del piso de Maricarmen, nadie les agradecerá este arranque quijotesco.

Esa parte, la del coste real de la vivienda para todos, la de los adultos, no se contabiliza en el "pensamiento Alicia". Como explica el profesor Bueno, Alicia no quiere ser consciente de las dificultades para llegar a ese mundo imaginario e imposible. Todo es mucho más sencillo: basta con tener la voluntad de pasar a ese mundo al revés.

Llevamos años escuchando cuentos y bulos de un presidente que miente y de socios que pretenden una oposición imposible. Pero la realidad es terca. El mercado solo responde a la gestión demagógica, por mucho que se repita que los resultados mágicos deberían ser otros. Bienvenidos todos a la realidad.

Datos clave
  • El "pensamiento Alicia" describe la confusión entre deseo y realidad.
  • La crisis de vivienda se agrava por trabas burocráticas y costes elevados.
  • En 2004 venció el contrato de renta antigua de la inquilina mencionada.
  • Se recibieron 250 solicitudes para un piso en alquiler en Barcelona.
  • El piso en Barcelona tenía 92 metros cuadrados.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

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Maricarmen y el pensamiento Alicia​

29/09/2026

Ignacia De Pano-Vospópuli​

  • Llevamos ocho años de cuentos y bulos de un presidente que miente mirándonos fijamente a los ojos

“El pensamiento Alicia procede representándose un mundo distinto del mundo real, y no solo esto, sino, lo que es más interesante, un mundo al revés de nuestro mundo, como es propio del mundo de los espejos”. Sigue explicándonos el profesor Gustavo Bueno, creador de la teoría, que “simplemente se nos introduce en el mundo irreal sin medir las distancias que guarda con el mundo real nuestro… a la manera como Alicia visitaba, según Carroll, el País de las Maravillas.
Es a este tipo de pensamiento al que llamamos “pensamiento Alicia”.

Se trata de un pensamiento infantil, que no distingue entre deseo y realidad, entre actos y consecuencias. Un pensamiento en el que se enuncia la persecución de grandes objetivos borrosos, ya sean la paz mundial o la disolución de las fronteras, sin tener en cuenta las dificultades reales que se nos presentan para conseguirlos. Una actitud política inmadura, simple y profundamente frívola, que despierta el entusiasmo de un público cuidadosamente preparado, en su ignorancia, para ser receptivo a este tipo de mensaje, más propio de los cuentos de hadas. Porque hay algo también de pensamiento mágico en todo ello. Si peroramos lo suficiente sobre la necesidad de vivienda barata y digna para todos podremos conjurar la disolución de la tozuda realidad económica que lo impide. Y la realidad es, entre otros muchos factores, que las grúas se han convertido en nuestras ciudades en criaturas en vías de extinción. Al promotor privado han dejado de salirle las cuentas. Las mil trabas burocráticas, el aumento geométrico en los costes y la dilatación en el tiempo de los beneficios han hecho que la construcción deje de ser un negocio rentable.

En la enunciación Alicia de que “todos tenemos derecho a una vivienda digna” se olvida voluntariamente la segunda parte del aserto. Ese derecho no lleva aparejada la obligación altruista de otro ciudadano a proporcionártela. Eso es lo que le ocurrió al primer propietario de la vivienda de la que se benefició con un contrato de arrendamiento franquista de renta antigua la ya famosa Maricarmen, de apellido Abascal. Dicho contrato con sus sucesivas prórrogas venció para la subrogada en el año 2004, pero aún siendo así, el dueño de la vivienda lo mantuvo vigente al precio simbólico del que se estaba beneficiando la ahora popular inquilina durante catorce años más, hasta que imagino, harto de que los costes de mantenimiento del piso fueran superiores a lo obtenido por el alquiler, no le quedó más remedio que venderlo por una cifra muy inferior a la de mercado y olvidarse, como si eso fuera fácil, de que habiendo tenido un piso en el Retiro nunca pudo beneficiarse de él.

Nunca dio las gracias​

He seguido con atención las múltiples manifestaciones, siempre en pie de guerra, de la señora en cuestión y en ningún momento le he escuchado una sola palabra de agradecimiento al propietario que, no teniendo ninguna obligación legal de hacerlo, la mantuvo durante más de una década en el piso respetando el irrisorio importe de su alquiler. Hubiera sido muy elegante que recordara que en esos catorce años, que se dice pronto, jamás se la importunó en el disfrute del piso, y ya puestos, que ella, a cambio de semejante generosidad innecesaria, nunca se ofreció a renovar el contrato en condiciones más justas para la propiedad. Maricarmen, funcionaria jubilada y víctima absoluta del pensamiento Alicia, cree de corazón que el mundo le debe el poder vivir en una de las mejores zonas de Madrid prácticamente gratis. El choque repentino con la realidad la ha dejado sin capacidad para comprender que con un mínimo interés por su parte ese desahucio nunca hubiera tenido lugar.

El pensamiento Alicia se ha adueñado de toda la argumentación de la extrema izquierda sobre la vivienda. Hablan de expropiación, como el otro día en una comparecencia televisiva y muy alteradamente Alberto Ibáñez, fruta de Compromís, pero cuando el propietario de viviendas de alquiler al que amenazaba con ella le pide por favor que sí, que se las expropie porque ya no puede más, recoge hilo rápidamente con cara de asombro porque sabe que el gobierno no quiere, ni puede, gastar dinero en expropiaciones. Amenazas en falso, discursos adolescentes y medidas intervencionistas que consiguen justo el efecto contrario del que buscan, porque como ya vimos, nadie puede obligarte a alquilar tu casa si tú no quieres. Y no me sirve la amenaza con cargas fiscales extraordinarias a las viviendas que se dejen vacías, porque, como hizo el pobre primer propietario de la casa de la que se benefició 70 años Maricarmen, siempre se puede vender.

Un criterio patriota​

Cuanto más pensamiento Alicia, cuanto más se busque asegurar la duración ilimitada del arrendatario en el inmueble, más se retrae la oferta, que no quiere cargar con el arrendatario, si le sale malo, por toda la eternidad. Y así, centenares de miles de viviendas se han ido retirando silenciosamente del mercado mientras las que quedan exigen a los candidatos pasar por aros que hace unos años se hubieran considerado inhumanos.

Hace tres días, una empresa familiar propiedad de unos amigos míos, puso en alquiler un piso en Barcelona. Una perita en dulce, 92 metros cuadrados en zona tensionada y en perfecto estado de conservación en finca modernista rehabilitada. En los diez primeros minutos desde la publicación del anuncio entraron 250 solicitudes en firme. Muchas de ellas se acompañaban ya con el historial económico de los solicitantes. Mis amigos decidieron usar como sesgo para escoger al beneficiario un criterio patriota. Se adjudicaría, a ser posible, a una pareja española, no a nómadas digitales con economías mucho más abultadas que la nuestra. Así se hizo, y espero de corazón que tanto idealismo les salga bien y no tengan que añorar al programador californiano o a la diseñadora noruega, porque como al primer propietario del piso de Maricarmen, nadie va a agradecerle ese arranque quijotesco.

Esa parte, la del coste real de la vivienda para todos, la de los adultos, no se contabiliza en el pensamiento Alicia. Y es que, como continúa explicándonos el profesor Bueno, “Alicia no quiere tener conciencia de las dificultades que habría que vencer para llegar a ese mundo imaginario e imposible porque todo es mucho más sencillo: se tiene la voluntad de pasar a ese mundo al revés y basta.”

Llevamos ocho años de cuentos y bulos de un presidente que miente mirándonos fijamente a los ojos y de unos socios que pretenden hacerse oposición a sí mismos en una contorsión imposible y obscena. Pero la realidad es la que es, y el mercado solo responde a su nefasta gestión demagógica, por mucho que repitan, una y otra vez, que los resultados mágicos deberían ser otros. Bienvenidos todos a la realidad.
 

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