Marlo, 23 años: "Mamá, no lo soporto. No quiero acostumbrarme a un trabajo por el que llego a casa de noche

Marlo, 23 años: "Mamá, no lo soporto. No quiero acostumbrarme a un trabajo por el que llego a casa de noche
Todos los mayores que lo critican no han trabajado en su vida ni saben de nada, les regalaron todo por suerte generacional, son personas sin formación ni experiencia con pisos heredados.
No creo que todos. ¿Quién puso los ladrillos de la casa donde vives o asfaltó la carretera por la que circulas? ¿O mantuvo y sufragó los grados, idiomas y masters en lugar de poner sus descendientes a trabajar a los 14 años?

Igual de injusto es tratar a todos los jóvenes de vagos como tratar a sus mayores de analfabetos.

Pregúntate quién saca beneficio enfrentando a unos y a otros.
 
Malditos empresarios!! Quiero mis 3000€ con 6 horas de trabajo al día!!! Y encima me piden estudios!!

Votaré a podemos, que son los únicos que prometen un smi de 5000€, los que realmente piensan por el pueblo, encima Irene ha dicho que se soluciona con un Real Decreto, no se que es eso, pero suena a qué es algo rápido.
Los forasteros ganan eso sin trabajar. Lo mínimo que puede exigir es eso.
 
Ahora váis y me tratáis de convencer de tener descendientes. ¿Para qué? ¿Para el caos que viene? Si no tienes descendientes, ¿quién te va a cuidar? Está esa chavalada como para cuidar a alguien. Si no tienes descendientes, ¿quién te va a pagar la pensión? Está esa chavalada como para cotizar lo suficiente como para que la hucha de las pensiones no quiebre definitivamente.
 
Yo a todos los que veo de esta edad entrando en la empresa a trabajar solo puedo decir que me dan vergüenza ajena. Están blandengues... Y yo que pensaba que era un desastre y vino esta generación a convertirme en un auténtico Dios.
 

Los que apoyan las invasiones morirán destruyendo el país. Su inmoralidad debería ser estudiada. Han arrasado completamente el país y encima jalean el sistema. Además ponen la cama y el sueldo entero para que las razas invasoras los aprovechen a gastos pagados. Pero el raro eres tú que no te dejas.
 
Este muchacho tiene razón, yo ya voy para los 60, afortunadamente tengo un trabajo en el que cada día es distinto, pero a veces, por ejemplo, entro en las fábricas y veo un chaval que agarra un asiento de la cinta transportadora, aprieta 3 tornillos con una carraca eléctrica, da vuelta el asiento, pone un cable, lo grapa, lo aparta y llega otro asiento. Eso destruye cualquier vida, te convierte en una máquina durante el 50% de tu tiempo. Si el trabajo es un castigo divino, "te ganarás el pan con el sudor de tu frente", digamos lo que queramos hay trabajos que son absolutamente un calvario.
 
Este muchacho tiene razón, yo ya voy para los 60, afortunadamente tengo un trabajo en el que cada día es distinto, pero a veces, por ejemplo, entro en las fábricas y veo un chaval que agarra un asiento de la cinta transportadora, aprieta 3 tornillos con una carraca eléctrica, da vuelta el asiento, pone un cable, lo grapa, lo aparta y llega otro asiento. Eso destruye cualquier vida, te convierte en una máquina durante el 50% de tu tiempo. Si el trabajo es un castigo divino, "te ganarás el pan con el sudor de tu frente", digamos lo que queramos hay trabajos que son absolutamente un calvario.
¿Por qué ahora todo el mundo dice "agarrar" en vez de "coger"? ¿Influencia de otros países? ¿Te dejas las garras largas para agarrar mejor?
 
Marlo tiene 23 años y acaba de poner en palabras una sensación que puede aparecer cuando se empieza a trabajar: la impresión de que, de repente, ya no queda tiempo para vivir fuera del trabajo. Una rutina que se repite de lunes a viernes y que le ha llevado a preguntarse si realmente quiere acostumbrarse a ella.

"Hay algo que nadie me explicó cuando encontré mi primer trabajo. Algo con lo que tuve que lidiar a solas", cuenta en un vídeo que ha compartido en redes sociales. Lo que describe es una sensación que, según explica, apareció poco después de incorporarse al mercado laboral: sentir que se había quedado sin tiempo para hacer otras cosas.

"De un día para otro sentí que me quedé sin tiempo para vivir", relata. Su jornada terminaba cuando ya era de noche y, al llegar a casa, apenas encontraba tiempo para cenar antes de tener que volver a empezar al día siguiente.

La rutina comenzó a resultarle especialmente difícil porque todos los días parecían iguales. "Ya no recordaba qué había hecho el lunes, porque el martes había sido exactamente igual", explica Marlo. Una sucesión de jornadas idénticas que, al principio, asumió que terminaría aceptando como parte de la vida laboral.

ue entonces cuando apareció una pregunta que todavía sigue rondándole la cabeza. Una cuestión que no tiene tanto que ver con un empleo concreto como con la forma en la que quiere vivir durante las próximas décadas.

"¿Me quiero acostumbrar a esto?", se pregunta. Y plantea después la cuestión que le hizo replantearse esa rutina: "Si sigo así durante los próximos 20 años, ¿voy a estar satisfecho con lo que he vivido?".

Con 23 años, Marlo se encuentra así ante una duda que puede resultar familiar para otros jóvenes que acaban de comenzar su trayectoria profesional: si entrar en el mercado laboral implica necesariamente aceptar una rutina que no termina de convencerles.
Cuando decidió compartir sus inquietudes con las personas de su entorno, asegura que recibió una respuesta que se repetía una y otra vez: "Es lo que hay. Bienvenido al mundo laboral".

Una respuesta que, sin embargo, no le convence. "No quiero creer que esto tenga que ser así", afirma en el vídeo.

Marlo no ofrece una solución concreta ni explica que haya encontrado todavía la respuesta a esa pregunta. De hecho, reconoce que no sabe cuánto tiempo tardará en descubrir qué quiere hacer. Lo que sí tiene claro es que no quiere dejar de buscarlo por miedo a abandonar una rutina que ya conoce.

"No sé cuánto voy a tardar, solo sé que me da más miedo acostumbrarme que intentarlo", concluye
En su biografía de TikTok, Marlo resume precisamente el momento vital en el que se encuentra con una frase: "Buscando un propósito y documentando el proceso". Una descripción que encaja con la reflexión que comparte en su vídeo y con una etapa en la que todavía está intentando descubrir qué quiere hacer con su vida profesional.

Su caso plantea una cuestión diferente a la de quienes deciden cambiar de profesión después de décadas trabajando en un mismo sector. Marlo apenas tiene 23 años y, sin embargo, ya se pregunta si quiere pasar los próximos 20 años repitiendo una rutina que no le satisface
La duda, en su caso, no consiste tanto en si es demasiado tarde para cambiar como en si merece la pena empezar a buscar otra forma de entender el trabajo antes de haberse acostumbrado a ella.

Porque incorporarse al mercado laboral puede significar también descubrir, por primera vez, cómo se distribuye el tiempo entre trabajo y vida personal. Y para Marlo, esa experiencia le ha llevado a hacerse una pregunta que todavía no sabe responder: si esta es la vida laboral que se supone que debe aceptar o si, con 23 años, todavía está a tiempo de buscar otra

Los próximos 20 dice.....meparto:meparto:
 

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