Ceuta, Marruecos y la factura de la corrupción política
¿Cuánto cuesta la paz con Marruecos? La pregunta sobrevuela estos días la conversación pública española, agitada por un episodio que ha vuelto a poner la frontera de Ceuta en el centro de todo. Desde hace 26 años, una parte del análisis lleva advirtiendo de que la presión migratoria no es un accidente, sino una herramienta. Ahora, a ese argumento se le suman acusaciones concretas: supuestos negocios opacos entre administraciones, un documental que circula con detalle y la sombra de la corrupción sobre decisiones de Estado.
La frontera como arma y la corrupción como pegamento
La tesis que más terreno ha ganado es la de la “declaración de guerra” encubierta: según esta corriente, Marruecos y España no viven un desencuentro diplomático, sino una presión deliberada sobre Ceuta y Melilla. No es una idea nueva, pero ha dejado de ser marginal. El relato se ha ido nutriendo con datos que alimentan la sospecha, como la desarticulación de la unidad policial OCON-Sur, dedicada al control migratorio en el sur, o las denuncias sobre un vuelo de Plus Ultra con un presunto cargamento irregular.
El documental que recomiendan los círculos más críticos recorre los presuntos “tejemanejes” entre las administraciones española y marroquí: contratos, favores y un silencio mutuo que, de ser cierto, explicaría por qué ningún gobierno ha apretado las tuercas al vecino del sur. La respuesta oficial no ha llegado, y ese vacío alimenta más la especulación que cualquier informe.
¿Cortina de humo o última llamada?
Frente a esa lectura, otra corriente hace un cálculo más cínico: toda esta agitación es un clásico de temporada, un “temita” que se usa para llenar telediarios y desviar la atención de otros frentes. El verano, además, tiene su propio relleno informativo. Entre chascarrillo y chascarrillo —desde el que pide una ONU propia para la fabada hasta el que exige preguntar al pueblo antes de ceder—, el malestar se ha convertido en una forma de entretenimiento cívico.
Pero los acontecimientos no esperan. En las próximas fechas hay dos citas marcadas en rojo por los más suspicaces: el 27 de octubre y el 3 de noviembre, elecciones en Israel y en Estados Unidos. Hay quien espera movimientos de última hora para reescribir el tablero. Otros, simplemente, siguen con la antena puesta.
Lo que nadie discute es que la confianza en la clase dirigente española está bajo mínimos. Da igual que el enemigo sea exterior o que el problema sea doméstico: la ciudadanía percibe que llevan años tomándole el pelo. Y cuando la percepción se instala, la política deja de ser un asunto de informes y se convierte en un asunto de fe.
Con estas piezas sobre la mesa, la única certeza es la incertidumbre. La historia no ha terminado: acaba de empezar el capítulo en el que Marruecos, la corrupción y la falta de respuestas se miran frente a frente. Y esta vez, el telediario no podrá cambiarse de canal.