Marruecos ha cometido un error histórico y nadie en Europa lo quiere ver
La pregunta que ronda a cualquiera que haya visto las imágenes es simple: ¿por qué un país que lleva años usando la presión migratoria como herramienta ha dejado esta vez imágenes tan explícitas? Los hechos son tozudos: el cruce masivo se produjo con personas que iban con poco más que un bañador y una camiseta, en una operación que se sabía inviable a medio plazo. La respuesta española evitó el choque armado y abrió la valla antes de que hubiera cientos de muertos por ahogamiento.
Hay quien sostiene que Marruecos ha cometido un error histórico al entregar a Europa el argumento definitivo en su contra. El coste no se limita a lo diplomático: Rabat depende de la inversión española y china, y una escalada prolongada pone en riesgo ese flujo.
La otra corriente apunta más lejos. La maniobra encaja con una presión de Estados Unidos contra Pedro Sánchez, al que Washington ve como obstáculo. En ese relato, los socios europeos que critican a Madrid no son aliados ni neutrales, sino correa de transmisión de intereses ajenos a la crisis migratoria.
Lo que nadie discute es que Moncloa no elevó el tono. No llamó al embajador y agradeció la colaboración marroquí. Para unos, es cálculo; para otros, sumisión. La ironía es que el reino alauí ha presumido de controlar la frontera para terminar precisamente demostrando que España no está sola: el malestar europeo y económico que ha cosechado puede acabar pasándole factura.