EEUU entrega Abrams a Marruecos y promete 500 Bradley gratis
El reino alauí ha recibido un nuevo lote de carros de combate Abrams M1A2 procedentes de Estados Unidos y aguarda una entrega gratuita de 500 vehículos blindados Bradley, según el material que ha abierto el asunto. La noticia, difundida por medios como El Mundo, ha reavivado una sospecha que recorre la política exterior española desde hace años: la de que Washington juega a dos bandas con sus aliados formales y con los vecinos de esos aliados. España permite bases estadounidenses en su territorio y envía dinero y material a Ucrania. A cambio, recibe un frente sur cada vez más cargado.
El planteamiento inicial no se anda con rodeos: se acusa a EEUU de haber robado el imperio en 1898 con un ataque de falsa bandera, de espiar e infiltrarse en instituciones españolas y de mantener a sus socios europeos con «la bota en el cuello» para que no levanten cabeza. La conclusión que se extrae es que a Washington no le interesa una Unión Europea que decida por su cuenta, y que si para evitarlo hay que reventar gasoductos o alimentar conflictos en el flanco sur, se hace.
Qué son los Abrams y los Bradley que recibe Marruecos
El Abrams M1A2 es un carro de combate de origen estadounidense, pesado, con motor de turbina y un consumo de combustible que lo convierte en un problema logístico para cualquier ejército que no tenga garantizado el suministro. El Bradley es un vehículo de combate de infantería: blindado, artillado y pensado para transportar tropas al frente. La cifra que se maneja —500 unidades— no es menor. Es una cantidad considerable, y ahí empieza el primer desacuerdo del asunto.
Hay quien sostiene que 500 vehículos de ese tipo no sirven para invadir
Ceuta ni Melilla, porque su movimiento en grandes formaciones es fácilmente detectable y porque sin flota de apoyo no amenazan la península. En contra pesa el argumento de que, para una operación terrestre en el norte de África, esos blindados son un magnífico transporte de tropas y un problema serio si España tuviera que desembarcar para recuperar plazas o para ocupar territorio que dé garantías de seguridad.
El cálculo logístico es el otro gran frente. Los Abrams consumen combustible a un ritmo que Marruecos no produce. Quien bloquea sus puertos con fragatas y ataca depósitos estratégicos deja a cualquier fuerza acorazada sin capacidad de moverse en cuestión de semanas. El reino es dependiente del exterior para lo básico, y eso incluye el gasoil de sus tanques.
¿Por qué se interpreta como un movimiento contra España?
Porque el suministro llega en un momento en que la relación entre España y Marruecos está marcada por la cesión del Sáhara y por la presión sobre Ceuta y Melilla. Una parte del análisis sostiene que Marruecos ya tiene lo que necesitaba para controlar el Sáhara —una cuestión política, no militar— y que el peligro real no es esa «chatarra», sino que el reino se haga con los recursos del territorio y que existan redes de influencia dentro del propio gobierno español.
Otra corriente apunta a un escenario distinto: una guerra por delegación de EEUU contra Rusia a través de Argelia. Argelia es aliado de Rusia y de China, y un conflicto en el frente sur distraería a Moscú y a Pekín mientras genera presión migratoria sobre Europa. Dos pájaros de un tiro. La tesis encaja con la idea de que Washington no quiere que la UE vaya por libre.
La respuesta militar española se plantea en términos de disuasión. España debería armarse hasta los dientes, ganar la carrera armamentística a Marruecos y mantener la capacidad de golpear la retaguardia argelina o marroquí según convenga. El plan que se atribuye al Ejército pasaba por alimentar el conflicto en la frontera entre Marruecos y Argelia y desembarcar en algún punto del Sáhara. Ese poder disuasorio, sostiene otra parte, se ha esfumado al enemistarse con Argelia.
El papel de Argelia y el equilibrio del Magreb
Argelia era un buen socio: enviaba gas y compartía con España el problema de la inmigración irregular desde el sur. Durante la guerra civil argelina de los años 90 no llegó una sola patera a España, porque los militares argelinos vigilaban sus costas. Ese dato se usa para argumentar que la amistad con Argelia tenía valor estratégico y que romperla ha dejado a España sin contrapeso en la región.
La propuesta que circula es convertir a Argelia en aliado estratégico prioritario. No es una idea nueva: durante la crisis de Perejil en 2002, Italia y Grecia ofrecieron barcos de guerra y tropas para desplazarse a la zona. El gobierno español les dio las gracias y dijo que no era necesario. Italia y Grecia tienen el mismo problema de inmigración africana y asiática. Son el frente sur de Europa, exactamente igual que España.
Ceuta, Melilla y el Sáhara: el nudo estratégico
Ceuta es un enclave valiosísimo, y hay quien defiende que vale hasta el último euro que se gaste en él. Melilla, en cambio, se describe como un pozo indefendible. La asimetría es real y condiciona cualquier plan de defensa. La opción de ceder ambas plazas sin disparar un tiro aparece en el asunto, pero se topa con una respuesta inmediata: ceder ante Marruecos es abrir la puerta a que Canarias sea la siguiente.
El Sáhara es la pieza que mueve todo. Marruecos reconoció a Palestina como país en 1988 y aun así acepta armas de Estados Unidos. La contradicción no parece molestar a nadie en Washington. Los fosfatos del territorio engrosarían las arcas marroquíes y fertilizarían el grano estadounidense. Para eso no hacen falta 500 Bradley: basta con luz verde política. Lo que preocupa no es el blindado, es el reconocimiento.
El frente interno: Ferraz y los traidores
Una parte del asunto desplaza el foco. El verdadero enemigo de España no estaría en Rabat ni en Washington, sino en la calle Ferraz. El frente abierto todos los días es el político, y las batallitas de teclado distraen de lo urgente. Los traidores, se dice, son más peligrosos que toda la chatarra marroquí junta.
En esa línea se recuerda que militares españoles han instruido al ejército marroquí por orden del gobierno español. Que el CNI ha sufrido fugas de información y que hay espías extranjeros pagando a agentes propios. La desconfianza hacia las instituciones se mezcla con la geopolítica y complica cualquier respuesta coordinada.
El asunto se atasca en un punto que nadie cierra. Los blindados no bastan para invadir España, pero cambian el equilibrio en el Magreb. El Sáhara ya está cedido en la práctica. La relación con Argelia está rota. Y la pregunta de si Washington prefiere una Europa débil y dependiente sigue sin respuesta oficial. Con esos mimbres, el frente sur no se despeja solo.