Ceuta y Melilla no están bajo el paraguas de la OTAN
La pregunta que abre el asunto no es si Marruecos puede invadir
Ceuta y Melilla, sino qué haría España si lo intentara. En el planteamiento inicial se sostiene que, con Estados Unidos como aliado de Rabat, no habría problema para que una operación así arrancara por las dos ciudades autónomas. Y la respuesta que se propone no es institucional: ser voluntario, pedir excelencia en el trabajo y reciclarse tras unos años en el ejército. El autor del mensaje añade que muchos se quedarían escondidos y que los mercenarios se darían a la fuga, mientras critica que Defensa e Interior actúen por dinero y no por defender el país.
El punto que cambia todo: Ceuta y Melilla no son OTAN
El dato jurídico que ordena el debate es que **Ceuta y Melilla no pertenecen a la OTAN**. Eso significa que el artículo 5 no se activaría automáticamente por un ataque a las dos plazas. A partir de ahí, las hipótesis se disparan. Una parte sostiene que Estados Unidos apoyaría a Marruecos y que sus sistemas de inteligencia, satélites y aviones radar podrían inclinar la balanza, como se ha visto en otros conflictos. Otra corriente recuerda que media Europa tiene propiedades en la costa mediterránea y que ese interés económico forzaría una intervención tardía.
La discusión derivó pronto hacia la política interior. Se afirma que el gobierno no actuaría y que determinados socios parlamentarios darían la bienvenida a los atacantes. Son afirmaciones lanzadas sin prueba, propias de la bronca política, no del análisis militar.
Cómo se defendería una ciudad a la que no llega el artículo 5
El escenario que más se repite no es el de tanques cruzando la frontera. Se argumenta que Marruecos no movería sus carros de combate ni sus helicópteros de ataque hacia la frontera, porque eso sería visible. Empezaría con **sabotajes en cuarteles** y una entrada en vehículos camuflados o civiles. La proporción clásica para tomar una plaza es de tres atacantes por defensor, y se calcula que podrían reunir más de 15.000 personas con facilidad.
Frente a eso, la propuesta que gana peso es la de **drones y bombas planeadoras** en lugar de carros que no se pueden mantener. La comparación con otros conflictos recientes sirve para subrayar que la vigilancia por satélite no basta si el atacante conoce el terreno y actúa por sorpresa.
Quién iría al frente y quién no
Aquí el asunto se parte en dos. Una corriente defiende que hay gente dispuesta a combatir, sobre todo en la franja de **50 a 65 años**, con mala hostia acumulada, poco que perder y fuerzas suficientes para liarla. Se menciona también a los cazadores del medio rural como un colectivo armado y con cultura guerrillera, aunque se reconoce que la España vaciada está despoblada.
La postura contraria es más cruda: hay quien dice que huiría a Portugal o que se pasaría al ejército invasor antes que arriesgar la vida por un país de borregos. El argumento es que no piensa defender a quienes considera responsables de la situación política. Es una opinión minoritaria pero repetida, y refleja una fractura que va más allá de lo militar.
La quinta columna y el relato de la invasión silenciosa
Otra línea del debate sostiene que la invasión ya está en marcha sin disparos. Se afirma que se están metiendo personas en edad de combatir a coste de los contribuyentes y que, cuando toque, se harán con el poder sin un tiro. Es una tesis que se repite con variantes y que mezcla inmigración, demografía y política interior. No hay datos que la respalden en el material, pero marca el tono de buena parte de la conversación.
El cierre que deja el asunto abierto
Con estos mimbres, la respuesta a la pregunta inicial no está en ningún plan oficial. Está en una mezcla de resignación, cabreo y cálculo electoral. La única certeza que se repite es que Ceuta y Melilla no están bajo el paraguas de la OTAN, y que eso cambia por completo el tablero. ¿Alguien ha calculado cuánto costaría defenderlas de verdad?