Falsos gorrillas: el carnet de barco como nueva credencial para aparcar
¿Cuántos carnets de embarcación de recreo harán falta para que la policía actúe? En una localidad andaluza, un falso gorrilla exhibió precisamente eso como identificación. El sujeto, que alegaba trabajar para el ayuntamiento, portaba también un justificante de prestación por incapacidad en trámite. Al ver un coche patrulla, salió corriendo. Los testimonios se acumulan: tres falsos gorrillas en cuatro días, uno en silla de ruedas y con chaqueta fosforito.
El negocio paralelo de los aparcamientos
La proliferación de estos extorsionadores no es casual. En varias localidades costeras, los ayuntamientos han legalizado la figura del gorrilla mediante concesiones a empresas privadas que explotan solares. Cobran entre 3 euros por aparcamiento y dan recibo. Los trabajadores suelen ser personas con minusvalías, contratadas por 800 euros al mes para acceder a subvenciones. El contraste con los falsos gorrillas es evidente: estos no tienen concesión, no dan recibo y recurren a la intimidación.
La respuesta policial, bajo sospecha
Las víctimas denuncian que, cuando logran contactar con la policía, no se actúa. Un afectado en un pueblo de Cádiz relata que, tras llamar, los agentes no hicieron nada. La sensación de impunidad alimenta el crecimiento del fenómeno. Mientras tanto, los falsos gorrillas innovan en métodos: desde carnets náuticos hasta documentos de incapacidad que usan como supuesta acreditación.
La última ironía: en Sevilla, donde los gorrillas oficiales son casi una institución, los falsos se multiplican aprovechando el vacío legal. ¿El próximo paso? Exigir un curso homologado para ser falso gorrilla. O quizá un título de patrón de yate.
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