Factura electrónica obligatoria: más carga para el autónomo
El Kit Digital ya permite obtener subvenciones para el software de facturación electrónica, pero la letra pequeña que se comenta es la de siempre: suscripción anual, cuota que no desaparece y un sistema que se extendería a todas las empresas. La pregunta que recorre los despachos de medio país no es si llega, sino cuándo y a qué precio. Y la respuesta, a la vista de lo que ya ocurre en el País Vasco, no invita al optimismo.
Qué obliga la nueva factura electrónica y cuándo entra en vigor
La medida que se avecina es distinta a la que emanó de la
Ley Antifraude de 2021. Según los datos que manejan los afectados, obliga a empresas y profesionales que ingresen menos de 6 millones de euros a intercambiar datos de su facturación y contabilidad de forma inmediata con el fisco en 2026. Traducido: el Excel que se pasaba a la asesoría a fin de mes se acabó. Ahora el software tiene que hablar con Hacienda en tiempo real.
El precedente vasco se llama
TicketBAI. Allí, en el momento de la compra hay que emitir la factura, conectar con la Hacienda foral, recibir un QR y estamparlo en el ticket que el cliente se lleva aunque haya comprado tres chicles. La señora de 60 años que lleva 40 con una mercería necesita ahora un TPV con todas las referencias metidas, internet en el local y paciencia para cuadrar lo declarado en TicketBAI con el IVA. Las exenciones fiscales que dieron entonces, recuerdan, solo sirven si hay beneficios.
El coste real para quien factura poco
El cálculo que circula entre autónomos es implacable: quien emite 50 facturas al mes de poco importe puede encontrarse con que el software se come el margen. La aplicación gratuita de la AEAT existe, pero exige introducir cada factura a mano, una por una. Para un volumen bajo y clientes fijos, pase. Para ventas instantáneas, es inviable.
Hay quien ya trabaja con el Suministro Inmediato de Información del IVA y describe el día a día como un dolor de cabeza: cuatro días para comunicar facturas emitidas y recibidas, imposibilidad de rectificar un número de factura por un guion o una barra, anulaciones que quedan contabilizadas igual. Y encima, facturas de proveedores grandes que no se contrastan y nadie reclama. El sistema, dicen, no está bien hecho.
Quién paga la fiesta: gestorías, software y subvenciones
La respuesta más repetida entre quienes ya lo han vivido es la misma: se lo pasará a la gestoría. Y la gestoría subirá la factura. El Kit Digital aparece aquí como el anzuelo: subvención para el software, sí, pero suscripción anual mediante. Un negocio redondo para las tecnológicas homologadas, sostienen, y un gasto recurrente para el
autónomo.
La alternativa que algunos ya practican es la empresa en el extranjero. Hay quien ofrece facturar a través de sociedades propias a cambio de una comisión del 5%, con estructuras simples por menos de 2.000 euros que, aseguran, ahorran varios miles al año. Para exportadores de bienes la cosa se complica: sin domicilio fiscal en España no se recupera el IVA pagado aquí, y sin SII no hay devolución mensual.
La economía sumergida como respuesta
El temor que recorre el sector es que tanta carga burocrática empuje a más gente al negro. Ya hay profesiones poco amigas de facturar. Si cada factura exige media hora y un software especial, el cálculo de muchos será no emitirla. La AEAT tendrá el QR, pero no la venta.
El punto exacto donde el análisis se atasca es este: nadie discute que el fraude fiscal existe, pero tampoco que perseguir al pequeño autónomo con un sistema pensado para grandes volúmenes puede costar más de lo que recauda. Y mientras tanto, la fecha de 2026 se acerca y la mitad de las pymes, advierten, no tendrá ni idea de cómo cumplir.