Sánchez agiliza la homologación de títulos para contratar en origen
El anuncio es de los que no dejan indiferente a nadie. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha prometido agilizar la homologación de títulos académicos de quienes quieran trabajar en España y poner en marcha un programa de
migración para facilitar contrataciones en países como Mauritania y Senegal. La medida, presentada como una solución a la falta de profesionales en sectores clave, ha caído como una bomba entre quienes llevan años denunciando que el mercado laboral español no necesita más mano de obra, sino mejores condiciones para la que ya está aquí. España sigue siendo el país con más paro del mundo civilizado, y ese dato, que el propio presidente no menciona, planea sobre cada una de sus promesas.
El paro que no se toca
La primera contradicción es de cajón. Si España es el país con más paro del mundo civilizado, ¿por qué importar trabajadores? La pregunta, que muchos se hacen en voz alta, no tiene una respuesta oficial convincente. Hay quien sostiene que la medida busca cubrir vacantes que los españoles no quieren, pero ese argumento se desmonta solo: con una tasa de desempleo que duplica la media europea, lo que falta no es gente dispuesta a trabajar, sino empleos que paguen lo suficiente para que merezca la pena. El propio debate deja claro que la homologación de títulos no va a crear ni un solo puesto de trabajo neto. Solo cambia el color del pasaporte de quien lo ocupa.
¿Qué títulos se van a homologar?
La letra pequeña del anuncio es, cuanto menos, difusa. Se habla de agilizar la homologación de títulos académicos, pero no se especifica qué titulaciones, con qué criterios ni bajo qué control. Eso ha disparado las suspicacias. Hay quien teme que el proceso se convierta en un coladero y que acaben ejerciendo profesionales con formaciones difíciles de verificar. La experiencia previa con homologaciones no ayuda: los trámites actuales son lentos, opacos y a menudo arbitrarios. Agilizarlos sin reforzar los controles puede ser la receta perfecta para el desastre. O para el titular fácil.
La agenda oculta que algunos ven
No todo el mundo se cree que esto vaya de economía. Una parte del análisis sostiene que el verdadero objetivo es importar votantes. La teoría, que suena a conspiracionismo de barra de bar, tiene su lógica perversa: si los nuevos residentes obtienen la nacionalidad y el derecho al voto, el partido que facilita su llegada se asegura un caladero electoral cautivo. Es una hipótesis, no un hecho probado, pero explica por qué la medida se presenta con tanta urgencia y tan poca pedagogía. También explica por qué algunos ya hablan de «sustitución étnica» o de «agenda globalista», términos que, aunque no se sostengan, reflejan un malestar real que el Gobierno no está sabiendo gestionar.
El impacto en los profesionales españoles
Para los médicos, enfermeros, ingenieros o profesores españoles, la medida es una amenaza directa a su poder de negociación. Si el mercado se llena de profesionales dispuestos a trabajar por menos, los salarios se ajustan a la baja. No es una teoría económica avanzada, es la ley de la oferta y la demanda. Y en un país donde el salario medio ya es de los más bajos de Europa, la perspectiva no es precisamente ilusionante. Hay quien recuerda que los médicos españoles llevan años emigrando a otros países europeos en busca de mejores condiciones. Ahora resulta que la solución no es retenerlos, sino traer a otros que ocupen su lugar. La lógica, cuando menos, invita a la reflexión.
La pregunta que nadie responde
¿De verdad cree el Gobierno que esta medida va a resolver el problema del paro? La respuesta oficial es que sí, que se trata de una política de Estado a largo plazo. La respuesta oficiosa, la que se escucha en los pasillos y en los bares, es que esto no va de paro, sino de poder. De construir una mayoría social que haga imposible el cambio político. De diluir el peso de la clase trabajadora española, tradicionalmente más crítica con el poder. Si el objetivo es ese, la medida es un éxito. Si el objetivo es crear empleo de calidad, es un fracaso anunciado. Y mientras tanto, los que se quedan en la cuneta, los que llevan años buscando trabajo sin encontrarlo, ven cómo el Gobierno les dice que la solución viene de fuera. No de ellos.