Finetwork no pagará los 4 millones de la Liga F: «No hay contrato»
Finetwork, patrocinador principal de la Liga F, no ha abonado los 4 millones de euros que comprometió al inicio de la temporada. La empresa sostiene que no tiene obligación alguna porque nunca llegó a firmarse un contrato, mientras su nombre sigue pegado a la competición, a las camisetas, a los cromos y a la publicidad televisiva. El 23 de mayo, las cuentas de ambas partes publicaban un manifiesto conjunto con motivo del día internacional del fútbol femenino. Dos semanas después, el pago se había esfumado. Es el enésimo episodio de la primera campaña profesional del fútbol femenino español.
Los 4 millones que Finetwork dice no deber
El patrocinio estaba valorado en
4 millones de euros para la primera temporada, 5 para la segunda y 6 para la tercera. Finetwork dio su nombre al torneo y apareció en retransmisiones, equipaciones y álbumes de cromos. El primer pago no ha llegado. Su directora de Marketing,
Teresa Rivera, lo explica así: «No tenemos firmado ningún contrato ni con los clubes, ni la liga femenina. La obligación de abonar a clubes, simplemente, no la entendemos. No reconocemos esa obligación de pago a nadie».
Rivera admite que existió un
acuerdo de intenciones «durante un periodo de vigencia muy limitado», que nunca se firmó el contrato definitivo y que ninguna de las dos partes empujó para cerrarlo. Con ese argumento sostiene que la marca pudo lucir su nombre durante meses sin contraprestación. La pregunta es obligada: si no había ninguna obligación, ¿por qué su logo aparecía por todas partes?
¿Qué es un acuerdo de intenciones y quién tiene razón?
Un acuerdo de intenciones es un documento previo que fija el marco de una negociación, y su valor vinculante es justo lo que ahora se discute. La Liga F sostiene que lo pactado es
«vinculante para ambas partes» y que el texto dice explícitamente que «da comienzo al patrocinio». Ese primer documento fijaba que a partir de noviembre se desarrollarían las obligaciones del contrato, recogidas en un anexo. La liga añade un detalle que considera decisivo: «En ningún sitio figura que si no se firma queda sin valor ese acuerdo inicial».
Ahí está el nudo. La empresa se agarra a la ausencia de firma del contrato final; la competición se agarra al contenido del documento inicial y a la conducta posterior de la marca. Las cifras no admiten término medio: o valen 4 millones o valen cero.
Las activaciones que la marca no dejó de hacer
El argumento de la liga no es solo el papel. «Hasta hace dos semanas no han parado de hacer activaciones desde sus redes sociales», señalan desde la organización. El manifiesto del 23 de mayo es el ejemplo más citado: un texto en el que la compañía respaldaba públicamente la visibilidad del fútbol femenino para reivindicar la igualdad en el deporte. Para la liga, esa actividad sostenida contradice la tesis de que nunca hubo patrocinio.
En el lado contrario hay quien defiende que la marca tiene motivos para no pagar. Se ha argumentado que el torneo llegó a cubrir el logo de la empresa en alguna equipación y que se le hizo publicidad negativa durante la temporada, algo que, según esa lectura, justificaría apartarse del acuerdo.
El primer año profesional: del convenio a las árbitras
El impago no cae en terreno virgen. La temporada de estreno de la profesionalización acumula frentes abiertos: el
convenio colectivo, el pulso con las árbitras y la negociación de los derechos televisivos. Sobre el arbitraje se ha señalado que se firmaron salarios próximos a los masculinos para evitar una huelga y que varios clubes no habrían cubierto después esa factura, aunque ese extremo no forma parte de la controversia concreta Finetwork-Liga F.
¿Quién paga si el patrocinador se descuelga?
Aquí se abre el debate que trasciende a la empresa. Una parte del análisis sostiene que, si el dinero privado no llega, la factura acabará en el bolsillo del contribuyente vía subvenciones públicas; es la tesis de que el fútbol femenino no se autofinancia y necesita dinero ajeno para sostenerse. Enfrente aparece el argumento contrario: el producto interesa y el problema es de gestión y de contratos, no de modelo.
Los datos de taquilla alimentan la polémica. Se ha defendido que llenar el Camp Nou demostraba el tirón de la competición; otras voces replican que buena parte de esas entradas se regalaban y que nadie paga un duro por según qué partidos. La discusión sobre la rentabilidad real del fútbol femenino va mucho más allá de una firma olvidada.
Queda el cálculo. Si el acuerdo vale lo que dice la liga, Finetwork debe 4 millones de esta temporada, 5 de la siguiente y 6 de la tercera:
15 millones sobre la mesa. Si vale lo que dice la empresa, debe cero. Entre ambas cifras no hay matices, y ahí se está jugando el fútbol femenino su credibilidad comercial.