Nadie puja por el fútbol femenino: el mercado ha hablado
El mercado ha hablado y la respuesta es un silencio incómodo. Ni una sola televisión ha pujado por los derechos del fútbol femenino español al precio que exigía la Liga F. No es una cuestión ideológica: es una subasta fallida con cifras sobre la mesa.
La subasta fallida: precios y plazos
El organismo pedía un mínimo de cinco millones de euros por la retransmisión de los ocho partidos de cada jornada, o dos millones por un solo encuentro en abierto. Para el extranjero, 800.000 euros. Nadie ha movido ficha. Los interesados tendrán hasta el 19 de agosto para presentar ofertas en una segunda ronda ya sin precio mínimo; la competición arranca el 29 de agosto. Poco margen para improvisar.
La segunda ronda es, en la práctica, una carta blanca: sin importe de salida, los operadores pueden ofrecer lo que consideren justo. O no ofrecer nada. Ese resultado será el termómetro real de un producto que lleva años escudado en el relato del crecimiento.
¿Rescate público? La sombra de RTVE
En ese vacío, la televisión pública aparece como pretendiente obligado. La experiencia con rescates similares invita al escepticismo: cuando el mercado no paga, la factura acaba en los Presupuestos. No hace falta esperar al desenlace para saber que el contribuyente es el postor de último recurso.
Hay un precedente revelador. Panini anunció que no sacará el álbum de cromos de la Primera Femenina. Su director general, Lluís Torrent, fue directo: «Lo sacamos en el Mundial y no funcionó nada. Todos los que defienden el fútbol femenino se olvidaron de ir a comprar los cromos». Cuando el merchandising no vende, la pista de aterrizaje se acorta.
El pico de audiencia y la realidad del negocio
Los defensores de la competición han esgrimido la final del Mundial como prueba de interés. El dato aguanta hasta que se mira con lupa: los 6.498.000 espectadores citados son únicos durante toda la emisión, no pico de audiencia. Y el episodio Rubiales, que concentró la atención mediática, no se ha traducido en consumo sostenido. El interés por el escándalo no es lo mismo que el interés por el partido.
La conclusión, por ahora, no es halagüeña para el relato oficial: la competición paga el pato de haber nacido al calor de una subvención moral, no de una demanda real. La segunda ronda, sin suelo, será la prueba de fuego. Si alguien puja, habrá mercado a precio real. Si no, lo previsible es que acabe pagando RTVE, pero lo incómodo es que a precio cero nadie quiera el producto. Ahí ya no hay machismo que explique nada.