La Liga F puja por su futuro y nadie acude a la subasta
¿Cuánto vale televisar una competición de fútbol femenino? La Liga F lo tenía claro: cinco millones de euros por los ocho partidos de cada jornada, o dos millones por uno solo en abierto. El mercado respondió con un silencio incómodo. Sin una sola oferta, la patronal ha tenido que abrir una segunda ronda con el precio ya libre, a poco más de dos semanas de que arranque la temporada. Los clubes siguen sin saber cuánto ingresarán por televisión, y eso complica cualquier previsión salarial a corto plazo.
Un precio de salida que no resiste el primer contacto con el mercado
La subasta fallida no significa que el fútbol femenino carezca de valor; significa que su valor no alcanza el umbral que la Liga F fijó como precio de reserva. Hay quien sostiene que el error estuvo en la estrategia: sacar unos derechos al mercado con un precio cerrado, sin construir antes un producto atractivo para los operadores. Si el producto es débil, la subasta se convierte en un brindis al sol.
Sin embargo, también pesa el argumento contrario: el interés real de la competición es limitado. Las cifras de asistencia rara vez superan el medio millar de espectadores, y el nivel de juego, sin entrar en comparaciones odiosas, está lejos de lo que exige una televisión generalista en prime time. El cálculo más escéptico llega a ironizar con que la oferta más ajustada a la demanda sería que una cadena cobrara un millón de euros por emitir quince minutos semanales de resúmenes en la madrugada.
Gestión, presupuestos y la sombra del dinero público
La segunda ronda responde a un problema de gestión. Los clubes, que respaldaron a la entidad que dirige la competición, comparten ahora la factura de la incertidumbre: sin contrato de televisión, planificar salarios, fichajes y estructuras técnicas se convierte en un ejercicio de adivinación. La ventana mediática abierta por el título mundial se dilapidó en el ruido del caso Rubiales, y el pico de curiosidad de 2023 se ha apagado.
En paralelo, reaparece la sospecha de que el dinero público acabe tapando el agujero. Si ningún operador privado puja, la opción natural sería que TVE o una cadena pública entrara al rescate, con el presupuesto de todos por medio. Unos lo ven como una inversión en igualdad; otros, como subvencionar un producto que no genera retorno y que discrimina a otras categorías del fútbol amateur con más práctica y menos propaganda.
El precio de la realidad
La segunda ronda dará una respuesta, probablemente incómoda. Si los operadores vuelven a quedarse de brazos cruzados, quedará demostrado que el valor no se decreta, se construye. Si finalmente entra una televisión pública, la conversación no será sobre audiencia, sino sobre impuestos. Quizá el mercado se haya equivocado con el fútbol femenino. O quizá el contrato que nadie quiso firmar decía más de la operación que del fútbol. El tiempo, como casi siempre, hará de juez.