«Mazón, dimisión»: Valencia clama contra la gestión de la DANA
El lema pedía una dimisión. La consigna interna era marchar en silencio. Y la instrucción logística —aquí está la paradoja— pasaba por no llevar ropa manchada de barro. La manifestación contra la gestión de la DANA arrancó minutos después de las
18:00 horas en la plaza del Ayuntamiento de València, convocada por
65 entidades sociales, cívicas y sindicales a las que después se sumaron otras
83 adheridas. La catástrofe que aparecía en los carteles dejó más de
200 víctimas mortales y miles de damnificados en
75 municipios de la provincia.
De la plaza del Ayuntamiento al Palau de la Generalitat
La pancarta de cabecera mostraba a
Carlos Mazón cabeza abajo y ataviado con el chaleco de emergencias. La portaban representantes de entidades golpeadas directamente por las inundaciones, muchas llegadas en columnas desde barrios de la ciudad y desde municipios vecinos, varios de ellos de los más castigados. Entre los asistentes circularon carteles como
«¿Dónde estabas entonces?» y la imagen ya icónica de una mano hundida en el lodo sosteniendo un móvil con el aviso de Es-Alert. Desde el inicio se corearon consignas exigiendo la dimisión, junto a otras más duras que los propios convocantes habían pedido evitar. La marcha tenía previsto concluir en la plaza Manises, ante el Palau de la Generalitat, con la lectura del manifiesto.
¿Quién convocó la manifestación y a qué entidades agrupa?
El listado de convocantes incluye Acció Cultural del País Valencià, BEA, Ca Revolta, CNT València, Comissió Ciutat-Port, la coordinadora de Memoria Democrática, Escola Valenciana, Fampa València, Intersindical, Lambda y varias asociaciones vecinales. Sobre esa nómina se ha construido una de las objeciones más repetidas: que no es una reacción espontánea de vecinos, sino una movilización de estructuras organizadas. Hay quien sostiene que buena parte de esas entidades dependen de subvenciones públicas y tienen interés en un cambio de gobierno autonómico. Una de las coportavoces de la protesta, Beatriz Cardona, intentó desactivar el reproche:
«quien quiera aprovecharse políticamente de la situación, se ha equivocado de manifestación».
¿Por qué la protesta señala solo a Mazón?
Es la objeción que vertebra buena parte del debate. El grueso de la marcha apuntó al Gobierno valenciano, y el manifiesto reclama
«la depuración de responsabilidades por la gestión deficiente». Frente a eso, una corriente sostiene que la DANA no respetó fronteras administrativas y que el silencio sobre el resto de administraciones convierte la protesta en una operación partidista: se citan nueve fallecidos en Castilla-La Mancha y siete en la provincia de Albacete, territorios donde no consta convocatoria equivalente. Otra lectura, en dirección opuesta, considera que la emergencia se gestionó tarde y mal desde la Generalitat, con independencia de lo que hicieran el Gobierno central o los ayuntamientos. De fondo late una pregunta incómoda: si el desastre fue climático, administrativo o las dos cosas a la vez.
¿Es pronto para protestar con víctimas sin identificar?
Una parte del debate considera que la marcha llegó antes de tiempo, con las tareas de búsqueda e identificación todavía abiertas, y que convertir el duelo en pancarta tiene un coste moral. No es un argumento nuevo: la misma acusación se lanzó en su día contra otras movilizaciones ligadas a catástrofes, y siempre con la misma réplica. Quienes defienden la convocatoria responden que esperar es precisamente lo que diluye la exigencia de responsabilidades, y que la calle es el único mecanismo de presión disponible cuando no se abre ninguna comisión de investigación. El reproche, en todo caso, no se ha dirigido a las cifras ni al lema, sino al calendario.
Cuántas personas fueron a la manifestación
Las cifras de asistencia volvieron a la disputa habitual. En el debate se manejó la cifra de
130.000 personas, sin ningún recuento oficial. La plaza del Ayuntamiento se llenó y el recorrido previsto atravesaba las principales calles del centro. La magnitud queda en el aire: suficiente para llenar el centro de València, insuficiente para zanjar cuánto respaldo ciudadano hay detrás del lema y cuánto responde a la capacidad de arrastre de las organizaciones firmantes. Tampoco ayuda que la propia naturaleza de la protesta —silencio, sin barro en la ropa— hiciera la estampa poco reconocible para quien esperase otra cosa.
La respuesta de Mazón: «llegará el momento de las responsabilidades políticas»
El president de la Generalitat no esperó al manifiesto. Asumió ya que
«llegará el momento de las responsabilidades políticas» y se defendió de lo que describió como
«insinuaciones muy bajas». Es una formulación que reconoce el terreno sin conceder el calendario: admite que habrá que responder, pero no cuándo ni ante quién. Leída en frío, es la frase de alguien que sabe que el desgaste no se mide en una tarde de protesta, sino en las semanas de reconstrucción que vienen después, cuando el foco informativo se mueva y la gestión vuelva a ser el único titular.
La marcha tenía previsto concluir con la lectura del manifiesto ante el Palau de la Generalitat y dejaba una pregunta sin responder: quién depura esas responsabilidades, con qué plazo y con qué consecuencias. Hasta entonces, la pancarta seguirá guardada. ¿Y si la siguiente marcha no la convoca ninguna entidad, sino los propios vecinos?