El jornal de un día en la obra: 100 euros y la factura que nadie cuenta
Un empleado de almacén sin experiencia previa pasa un sábado como peón de obra: carga sacos de cemento, maneja la hormigonera, aplica enyesado y, a las nueve de la noche, cobra 100 euros en efectivo y dos botellas de vino. Su conclusión: «no entiendo tanta queja». Los que llevan años en el oficio tienen otra lista: dolores crónicos, hernias y un salario que, mes a mes, es cualquier cosa menos un lujo.
Los 100 euros del sábado son 12,5 euros por hora si la jornada fue de ocho horas. Pero el salario real de un peón, según los testimonios, ronda los 1.300 euros mensuales, y hay quien dice que sobran candidatos dispuestos a hacerlo por 1.000. La presión a la baja es la losa de un sector que no valora el oficio.
El cuerpo, mientras tanto, pasa factura. Antes los sacos de cemento pesaban 50 kilos; se prohibieron porque destrozaban espaldas. Ahora pesan 25, pero el novato, para demostrar que puede, los carga de dos en dos. Los veteranos advierten: el cansancio se acumula, el sueño no alcanza y la lesión llega. Un día de obra no se paga solo con dinero, se paga también con salud.
Entre tanta cifra, una pregunta incómoda: ¿por qué no existe la palabra «albañila»? La construcción sigue siendo coto masculino, y el lenguaje lo refleja. El primer día en la obra siempre es gratis. Después, el cuerpo empieza a cobrar. ¿Cuántos sábados harán falta para que los 100 euros dejen de parecer un buen negocio?