La onza de oro a 975 € que no está donde dicen
Para
975 euros hay onzas de oro a la venta con un sobreprecio casi nulo: el metal cotizaba por encima de los 970 € la onza cuando se lanzó la oferta. Imbatible, sobre el papel. Hasta que se mira qué moneda es exactamente. La pieza de 975 € es el
elefante de Somalia, una moneda que no se comercializa en Munters. La que sí se vende en Munters es el
krugerrand, a 1001 €, que en la otra tienda aparece a 1018 €. Dos precios, dos monedas y una confusión que vertebra toda la discusión: comparar una onza con otra no es comparar dos precios del mismo producto.
¿Por qué una onza de oro puro se vende más barata que un krugerrand?
El metal es idéntico. El krugerrand es una aleación de 22 quilates, pero contiene exactamente los mismos gramos de oro fino que el elefante de 999 milésimas: una onza troy. Si dos monedas llevan lo mismo y una vale menos, el descuento no está en el oro. Está en la salida.
Ahí aparece el concepto que decide la operación: el
precio de recompra. Para el krugerrand y la filarmónica, la recompra a particulares está garantizada y, en las monedas bullion estándar, iguala o supera la cotización del metal. Para el elefante de Somalia no consta ese compromiso por escrito. Comprar barato un activo que luego nadie te recoge igual de barato no es una ganga; es un problema con fecha de caducidad.
Munters compra elefantes: 30 euros por gramo
La comprobación más contundente llegó por teléfono. Un inversor marcó el
+32 (0) 2/550.21.63 y preguntó cómo pagan las monedas que no figuran en su lista de compra. Respuesta: si es oro puro, se paga a
30 euros el gramo. Son 933 € por onza. Quien compre a 975 € y revenda ahí deja en el camino unos 42 € por pieza, sin contar envíos ni comisiones.
No es la única versión. Otro operador sostiene que la misma casa le contestó por correo que compran elefantes y pandas al mismo sobreprecio que maples y eagles, aunque no los anuncien en su catálogo. Dos testimonios que no encajan entre sí y que nadie ha cerrado con un documento público. La duda, mientras tanto, se paga en euros.
El catálogo se agota justo cuando interesa
En pocos días desaparecieron miles de unidades de bullion. Se llegaron a ver
4500 maples y, al día siguiente, ninguno. Lo que quedaba a la vista eran elefantes, precisamente los que protagonizaban la oferta. La sospecha se formuló en voz alta: marcar como agotado lo que no lo está, o retirar de la vista lo que no conviene vender para destacar lo único con margen.
Hay quien lo atribuye a un aluvión real de pedidos, con un comprador institucional arrasando el stock en horas, y hay quien responde con el argumento contrario: si el objetivo era publicitar la moneda somalí, lo lógico era dejar a la vista los miles de krugerrands y maples agotados y no esconderlos todos a la vez. Lo que nadie discute es el patrón: los elefantes, que no compiten con ninguna otra tienda, siguen ahí.
La promesa de los krugerrands a 935 € que se quedó sin fecha
Antes de todo esto hubo un anuncio llamativo: krugerrands a
935 € por tiempo indefinido, en un momento en que la onza cotizaba a 975 €. La intención declarada era didáctica, una lección para los intermediarios que viven del diferencial. El problema es que «indefinidamente» no significa nada. La defensa de quien hizo el anuncio es que el precio se adaptaría a la cotización del metal; ahora el mismo producto aparece a 1018 €,
17 € por encima de Munters. Quien busca el enlace con el compromiso original no lo encuentra.
La plata: 19,80 € la onza frente a 20,50 € en Alemania
En plata los números son más limpios. La filarmónica se ofrecía a
20 € frente a 20,40 € en la tienda alemana de referencia; el maple, a
19,80 € frente a 20,50 €. En el maple, la diferencia ronda el 4% a favor del comercio nacional, y algunas recogidas en mano se hicieron sin gastos de envío. Ahí el
ahorro es verificable y no depende de ninguna recompra futura. El detalle completo de precios comparados, moneda a moneda, es lo que sostiene esa parte del ahorro.
Pedidos de noviembre y un teléfono que no suena
El otro frente fue logístico. Un pedido realizado el
4 de noviembre de 2010 llegó completo —koalas, maples, kangaroos y un elefante para saciar la curiosidad— bien embalado y encapsulado. Otros compradores siguieron esperando sin noticias y afeaban la falta de comunicación: sin teléfono visible y con respuestas por correo que tardan. La explicación dada fue un aluvión de pedidos con plantilla insuficiente. La sede física está en Madrid, en un local en obras, con otro punto en Talavera de la Reina, mientras el responsable del negocio coincidía con una feria del sector en Pekín.
Con estos mimbres, la pregunta sigue abierta: ¿cuánto vale de verdad una onza de oro que puedes comprar a 975 € y que nadie te garantiza recomprar por encima de 933 €? El krugerrand se mueve solo en cualquier mostrador del mundo. El elefante necesita comprador. Y a la ausencia de comprador se le llama, en el argot del sector, falta de liquidez.