El supermercado ruso Mere aterriza en España con tres tiendas
La cadena de supermercados rusa Mere ya está en España. Lo hace con tres establecimientos: uno en la localidad madrileña de Parla y dos en las valencianas de Gandía y Aldaia. El modelo es el de un almacén de descuento duro, con estética de bazar y vocación de sustituir a los supermercados baratos actuales. La noticia, adelantada por medios como
Directo al Paladar y
El Español, ha generado un debate sobre si su llegada supone una revolución en el consumo o un espejismo con fecha de caducidad.
¿Qué es Mere y por qué se le llama el Lidl ruso?
Mere es una cadena de supermercados de descuento de origen ruso que aterriza en España con un formato de almacén. Su propuesta se basa en precios bajos, productos en formatos grandes y una estética que muchos comparan con la de los primeros Lidl de los años noventa. La comparación no es casual: hay quien recuerda que Lidl, en sus inicios, era visto como un sitio «de pobres» y hoy es una referencia de calidad. La diferencia, señalan algunos análisis, es que aquel Lidl vendía productos fabricados en Alemania, Austria, Bélgica o Países Bajos, mientras que Mere recurre a Ucrania como origen de parte de su surtido.
La cadena asegura que el 60% de lo que vende son productos locales, un dato que, de momento, no ha sido verificado de forma independiente. En el lado opuesto, la falta de productos frescos es una de las críticas más repetidas: no hay leche ni alimentos perecederos en sus estanterías. El surtido se concentra en conservas, snacks, bebidas y congelados.
Precios bajos, pero con letra pequeña
El atractivo de Mere es el precio. En los vídeos que circulan por redes se ven tarros grandes de legumbre cocida a precios competitivos, pizzas de 900 gramos y bolsas de patatas fritas de 500 gramos. Sin embargo, la comparación con las promociones de los supermercados tradicionales deja en evidencia que la ventaja no siempre es tal. Un bote de legumbre cocida puede comprarse al mismo precio en una oferta puntual de Carrefour o Alcampo, y además dura años en la despensa.
El modelo recuerda al de Makro, pero con diferencias notables. En Makro, según la experiencia de algunos compradores, el precio por kilo es a menudo más caro que en el supermercado convencional, y hay que comprar a granel. Mere, en cambio, no exige tarjeta de socio ni compra mínima, lo que facilita el acceso. Aun así, la falta de frescos limita su utilidad para la compra diaria.
La calidad, el gran interrogante
La procedencia de los productos es uno de los puntos más discutidos. Hay quien sostiene que los productos ucranianos no ofrecen las mismas garantías que los europeos occidentales, y quien recuerda que Ucrania es un país con una industria alimentaria consolidada. La salsa picante abjasia, probada por un comprador, no tenía fecha de caducidad y en su etiquetado solo aparecían hidratos de carbono y sal, algo que no cumple con la normativa europea de etiquetado. La salsa satsebeli, del mismo fabricante, indicaba que caduca 270 días después de abrirse si se conserva en condiciones adecuadas.
El etiquetado incompleto es una señal de alarma. En la Unión Europea, todos los productos alimenticios deben incluir información nutricional completa y fecha de caducidad o consumo preferente. Que un supermercado venda productos que no cumplen estos requisitos mínimos es, como poco, una irregularidad que las autoridades sanitarias deberían investigar.
Un modelo de negocio con pocos trabajadores
Otro de los aspectos que genera dudas es la plantilla. Cada establecimiento cuenta con entre cinco y seis trabajadores, una cifra reducida para un supermercado de estas características. El horario es amplio, de 10:00 a 21:30 de lunes a domingo, y el aparcamiento es pequeño, con solo 15 plazas. Este modelo de bajo coste laboral es habitual en las cadenas de descuento duro, pero plantea interrogantes sobre la calidad del empleo y la atención al cliente.
La apertura de la tienda de Pobla de Vallbona, en Valencia, está prevista para el 4 de junio, según la información que circula. La expansión de Mere en España dependerá de la acogida que tenga en estas primeras ubicaciones.
La reacción del público: entre la curiosidad y el escepticismo
La llegada de Mere ha generado reacciones encontradas. Hay quien planea visitarlo por curiosidad, atraído por la posibilidad de encontrar productos a precios bajos y formatos poco habituales. Otros, en cambio, muestran su escepticismo: consideran que el modelo no es sostenible y que la calidad deja mucho que desear. La comparación con Lidl es inevitable, pero también injusta: Lidl llevaba décadas en España cuando se consolidó como referencia de calidad, y su evolución fue gradual.
El debate sobre Mere también ha sacado a relucir prejuicios y estereotipos. Algunos comentarios menosprecian el producto por su origen o por la estética del establecimiento. Otros defienden que comprar barato no es motivo de vergüenza y que cada cual es libre de elegir dónde gasta su dinero. La polémica está servida.
Con estos mimbres, Mere tiene por delante el reto de demostrar que su propuesta es algo más que una moda pasajera. Si logra corregir las deficiencias en el etiquetado y ampliar su surtido con productos frescos, podría hacerse un hueco en el competitivo mercado español. Si no, quedará como una anécdota curiosa en la historia del consumo en España.