Un militante del PSOE agredió a un periodista de OKDIARIO durante el mitin de Sánchez en Dos Hermanas (Sevilla) y le amenazó con «Te parto el móvil». El medio publicó los hechos en X.
El mitin de Pedro Sánchez en Dos Hermanas (Sevilla) dejó una imagen que poco tiene que ver con la política económica. Un militante del PSOE agredió a un periodista de OKDIARIO que cubría el acto y le espetó «Te parto el móvil». El medio lo denunció en su cuenta de X, donde acumula difusión.
Qué se sabe del incidente en Dos Hermanas
El periodista estaba allí trabajando. No medió provocación conocida ni altercado previo. La agresión partió de un asistente identificado como militante del partido, según la publicación de OKDIARIO. La frase recogida, «Te parto el móvil», apunta a un intento de impedir la grabación o la cobertura informativa.
El episodio ocurre en un mitin, es decir, en un espacio público y político donde la prensa tiene derecho a informar. Agredir o amenazar a un periodista en el ejercicio de su trabajo no es una anécdota de barra de bar: es un ataque a la libertad de información.
Por qué importa más allá del rifirrafe
La escena se produce en un contexto de tensión creciente entre formaciones políticas y medios críticos. Que un simpatizante pase de la consigna al manotazo no es un detalle menor. La línea entre el grito y la agresión física se cruza una vez y ya no vuelve.
Los partidos suelen condenar estos episodios cuando los sufren y minimizarlos cuando los protagonizan los suyos. Esa doble vara es vieja conocida. Lo relevante aquí es el hecho: un profesional de la información fue agredido mientras hacía su trabajo.
El coste económico de normalizar esto
Hay un ángulo económico que se suele pasar por alto. La cobertura informativa libre es infraestructura básica para cualquier mercado: sin prensa que pueda preguntar, los contratos públicos, los presupuestos y las ayudas se revisan menos. Y lo que no se revisa, se paga más caro.
Cada agresión impune a un periodista encarece ese trabajo. Menos profesionales dispuestos a cubrir según qué actos, menos información verificable, más ruido. El resultado lo acaba pagando el contribuyente, que decide con datos peores.
Si el asunto deriva en acciones legales, conviene recordar que toda persona es inocente hasta que un tribunal diga lo contrario.