EEUU notifica la venta de 1.000 millones en armas a Marruecos
¿Qué se compra con 1.000 millones de dólares en armamento y para qué sirve tenerlo apuntando al Estrecho? La notificación al Congreso de EEUU de la venta a Marruecos —misiles Hellfire, baterías Patriot, drones MQ-9B, bombas guiadas por láser Paveway y kits JDAM— llegó en diciembre de 2020, cerrando el acuerdo de
defensa anunciado el 2 de octubre por el entonces secretario de Defensa Mark Esper, que calificó a Rabat de «socio crucial». El paquete incluye cuatro aviones de vigilancia electrónica Gulfstream G550, cuyo primer vuelo de prueba se realizó el 12 de septiembre en Savannah, y al menos dos de los cuatro drones MQ-9 se destinarán a la base de Monte Arruit (Nador), a 40 kilómetros de Melilla. La pregunta no es qué compra Marruecos, sino quién paga la factura y qué queda del otro lado del Estrecho.
El arsenal que apunta al Estrecho
El inventario no es simbólico. Los Patriot PAC 3, popularizados en la Guerra del Golfo, se organizan en baterías de seis lanzadores con 16 misiles cada uno; España tiene 18 unidades en tres baterías, adquiridas desde la cumbre de la OTAN de 2002 y completadas en 2014 con una compra a Alemania por algo más de 40 millones de euros. Los MQ-9 son los drones armados más grandes del mundo, capaces de cargar 15 veces más que los modelos anteriores y con velocidad de crucero tres veces mayor. Los Hellfire, nacidos para los helicópteros Apache, llevan dos décadas montados en drones; los Paveway y JDAM convierten bombas tontas en munición de precisión con margen de error inferior a 3 metros.
La familia real alauí ya volaba en un Gulfstream G650 regalado al heredero en 2018 por 57 millones de euros, con sistema antimisiles israelí. Los cuatro G550 pendientes de entrega embarcarán sistemas ISR también de procedencia israelí. El círculo se cierra: dinero del Golfo, tecnología israelí, plataforma estadounidense.
¿Quién paga el rearme marroquí?
La respuesta que circula con más insistencia es Arabia Saudí, según un comentario del hilo. El rearme no sale del bolsillo de Rabat, o no del todo, lo que explica que el gasto militar marroquí haya crecido sin que su economía haya volado. El dato que se repite es que el presupuesto español de defensa se va en nóminas y mantenimiento, mientras que la inversión real en capacidades se ha ido desplomando. Hay quien sostiene que España ha perdido sistemas sin sustituto y que la cúpula militar tiene parte de culpa por una política de compras nefasta. El resultado es una asimetría incómoda: Marruecos incorpora tecnología de última generación mientras España discute si puede permitirse reponer lo que dio de baja.
La base de Alcazarseguir y el Sáhara Occidental
El Pentágono rechazó en su día la base naval de Alcazarseguir por falta de calado para portaaviones. Ocho años después, según una fuente militar marroquí citada en la información original, la base está equipada para acoger submarinos y se ampliará hasta cuatro veces su tamaño. Incorpora el primer radar que detecta todo tipo de blancos marítimos desde el aire, lo que le permite controlar los buques que navegan por el Estrecho. A 15 kilómetros de Tarifa.
Las negociaciones para trasladar una rama importante del Comando Central de EEUU desde Europa al Sáhara Occidental estaban avanzadas a la fecha de esta discusión. El 13 de noviembre, coincidiendo con la intervención militar marroquí en Guerguerat, el asunto dejó de ser especulación. El Sáhara no es solo un territorio en disputa: hay quien apunta a yacimientos de telurio, un metal que EEUU importa en un 95% y que la UE considera estratégico. Quien controle el territorio controla el acceso.
El factor humano: sin soldados no hay sistema
El análisis más incómodo para Rabat no viene de España. El ejército marroquí pierde efectivos, especialmente en fuerzas terrestres, lo que dificulta el despliegue y la ejecución de planes militares. La falta no es solo cuantitativa: los sistemas avanzados requieren personal formado y adiestrado, y eso no se compra con el paquete de mil millones. En Yemen, guerrillas con equipo rudimentario derribaron dos F-16. La tecnología sin doctrina, sin logística y sin operadores formados es chatarra cara.
La trampa de la dependencia
El debate de fondo es si Europa puede permitirse seguir dependiendo del paraguas estadounidense. Francia es el único país de Europa occidental militarmente independiente; Reino Unido, Alemania e Italia fabrican más armamento propio que España, que participa en consorcios como Airbus Group con un 9,88% frente al 49,56% francés y el 40,56% alemán. El Leopard 2E es una variante española del 2A6 alemán, construida por un consorcio germano-español. La autonomía estratégica existe sobre el papel; en la práctica, cada compra se decide en Washington, París o Berlín.
La alternativa que algunos plantean —mirar a Rusia o China— tiene su propia trampa: venderán a quien pague y cobrarán en moneda geopolítica. El S-400 es más barato que el F-35, pero comprarlo significa aceptar otra dependencia. No hay almuerzo gratis en el mercado de defensa.
Al final, la pregunta que nadie responde es si España está comprando seguridad o comprando tiempo. Marruecos tiene los misiles, los drones y la base. España tiene las nóminas, los consorcios y la esperanza de que Washington siga considerándonos aliados. Con estos mimbres, el cesto lo teje otro.