Renta fija o seguir con DCA: el 5,3% del bono a 10 años frente al Brent a 102$
¿Es el momento de pasar de la renta variable a la renta fija y retirarse a los cuarteles de invierno, o toca seguir haciendo DCA hasta el fin de los días? El detonante de la pregunta es una combinación que no se veía en años: el
MSCI World cede alrededor de un 0,9%, el S&P 500 y el Nasdaq retroceden después de marcar máximos históricos y el
Treasury estadounidense a 10 años ronda el 5,3%, niveles que no se visitaban desde hace mucho. Encima, el
Brent ha superado los 102 dólares por barril, lo que devuelve el riesgo inflacionario a la mesa. La duda no es menor: si el IPC se pega al 4% y el bono paga el 5,3%, el refugio deja de ser refugio y se convierte en otra apuesta.
Qué dice el 5,3% del bono a 10 años cuando el Brent está a 102$
El primer malentendido que conviene deshacer es de manual: comprar deuda soberana ahora no es apostar contra la bolsa, es apostar contra la inflación. Son cosas distintas y se mezclan todo el rato. Con el crudo por encima de los 102 dólares, el escenario central de muchos analistas es un repunte del IPC, y un cupón del 5,3% con una inflación del 4% deja al inversor en pérdida real. Eso no es un refugio, es
un pacto con el diablo, por decirlo en plata.
Hay quien sostiene que el bono estadounidense a estos niveles es un chollo histórico y que la recesión acabará forzando recortes de tipos que disparen su precio. En contra pesa el argumento contrario: si la inflación se enquista, la FED no recorta y el inversor se queda cobrando un cupón que pierde poder de compra cada trimestre. La discusión, por tanto, no es bolsa contra bonos. Es inflación contra duración.
La correlación que se rompió y nadie sabe si ha vuelto
La experiencia de los últimos años desmonta el manual clásico. Comparando carteras de distinto perfil en plataformas de gestión automatizada, la conclusión que se repite es incómoda: cuando hay ganancias, la cartera de solo variable gana mucho más, y cuando hay pérdidas, las dos caen de forma parecida. Pasó en 2020, pasó en 2022 con la guerra. La renta fija dio poco o directamente pérdidas.
La explicación técnica es que la correlación entre acciones y bonos se rompió con la vuelta de la inflación, y nadie sabe si eso ha vuelto a cambiar. En 2022 los bonos perdieron más que en cualquier crisis desde los años 70, lo que deja el argumento del amortiguador en una posición delicada. El cálculo completo, con las dos carteras comparadas año a año, da una diferencia que sorprende a quien todavía cree en el refugio automático.
Monetario en dólares, cupones y el riesgo divisa que nadie descuenta
La opción que gana enteros en el corto plazo es el monetario en dólares: renta algo decente y no te obliga a comprometer capital a diez años. Pero añade riesgo divisa, y si la FED recorta tipos, el inversor se come el tipo con patatas. Es decir, se cambia riesgo de duración por riesgo de cambio, que no es precisamente un intercambio gratis.
Otra vía intermedia que se plantea es comprar bonos concretos, ir cobrando los cupones y esperar a que bajen los tipos para venderlos con plusvalía. Suena razonable hasta que se recuerda que la FED podría subir tipos a finales de año y el BCE no quiere adelantar nada. Con ese panorama, la espera puede alargarse más de lo que el cupón compensa.
El corralito de 2027 y la deuda francesa: dónde acaba el dato y empieza el relato
En el terreno más agitado aparecen dos fantasmas concretos. El primero, la posibilidad de un corralito financiero al estilo argentino, con una fecha señalada: 2027. El segundo, la deuda pública francesa, que a partir de ese mismo año dejaría de contar con las compras del BCE, sumado a la normativa aprobada durante la pandemia. Hay chicha real en ambos asuntos, pero también mucho ruido mediático en las dos direcciones: el BCE no va a dejar caer a París tan fácil, y equiparar la situación europea con la argentina es un salto que los datos no sostienen.
La conclusión, si es que hay alguna, es la de siempre: el núcleo indexado global en acumulación y con aportaciones automáticas no lo discute nadie serio. La discusión es qué se hace con la chicha. Y ahí, quien lleva toda la vida vendiendo los bonos como refugio es el mismo que colocaba fondos garantizados en 2007. Nada nuevo bajo el sol.