Un nodo de Bitcoin en Lightning Network por 7 euros al mes
¿Cuánto cuesta tener un nodo de
Lightning Network funcionando las 24 horas? Un servidor virtual de Contabo por
7 euros al mes, con 500 GB de disco y 6 GB de memoria, aloja la cadena de Bitcoin —que en el momento del montaje su autor estimaba en unos 160 GB— y sostiene encima LND, el demonio de la red de segunda capa. La instalación siguió una guía pública para Ubuntu 16.04.
El calendario real, medido por quien lo intentó:
bitcoind tardó unas
24 horas en sincronizar la cadena completa, LND se instaló en diez minutos y necesitó veinte más para engancharse a los canales. Con 0,01 BTC en la cartera ya se puede trastear. Lo que sigue no es magia, es paciencia y saber interpretar los mensajes de error.
Por qué el autopilot no abre canales solo
La primera decepción llega con el piloto automático. Activado el
autopilot, el nodo se quedó mirando la pared: no abría un solo canal. Había que hacerlo a mano. Se abrieron dos, uno hacia Bitrefill y otro hacia 1ML.com, y ambos se quedaron en estado pendiente durante unos
15 minutos antes de aparecer como activos. El nodo tampoco salía en el explorador de la red al principio. Todo era cuestión de esperar, pero nadie lo avisa.
Uno de los participantes, con experiencia en la red, sostiene que el piloto automático no está pulido y que él no lo activaría. Mejor control manual y revisar cada canal.
Los números reales de un canal abierto
El listado de canales desnuda lo que de verdad cuesta operar. Un canal de
100.000 satoshis dejaba 99.095 de saldo local y 905 reservados como comisión de cierre; otro de
500.000 satoshis se quedaba en 499.095. Ese margen no desaparece: queda retenido hasta que se cierre el canal en la cadena principal. El desfase se repite de forma idéntica en ambos.
La sorpresa llega en el recuento de capacidad. El explorador mostraba
0,0122 BTC cuando solo se habían depositado 0,01 BTC. El motivo: un tercer canal de 0,004 BTC abierto por otro operador
hacia el nodo, que también suma. La capacidad total de un nodo es la suma de todos sus canales, los abiertos y los recibidos, y eso descoloca a quien lleva la contabilidad a mano.
El enrutamiento, un problema NP-duro que el GPS ya resolvió
Aquí está la discusión de fondo. Con el comando
queryroutes se calculan las rutas posibles hasta otro nodo para una cantidad concreta, y la ruta cambia según el importe porque cada canal tiene una capacidad de pago limitada. Aparece entonces el argumento, defendido por un participante, de que enrutar en una red P2P desestructurada —y encima exigiendo fondos suficientes en cada tramo— es un
problema NP-duro cuyo cálculo crece de forma cuadrática con el número de nodos, lo que lo volvería irresoluble en la práctica y empujaría a la concentración.
Enfrente, una respuesta tan simple como incómoda: la solución
óptima es lo caro, pero al que paga no le hace falta la óptima, le basta una suficientemente buena. El ejemplo es el GPS del coche: calcular la ruta perfecta en el callejero de una ciudad también es NP-duro y cualquier navegador lo resuelve en segundos con algoritmos que se conforman con una solución decente.
Comisiones, pagos y el tamaño que la red aún no soporta
La parte que funciona de verdad: un pago de
8.050 satoshis enrutado por el nodo dejó
1 satoshi de comisión para su operador. Un nodo pequeño movía en torno a
70 satoshis al mes en comisiones, contando con días de sequía total. Las tarifas de enrutamiento se ajustan por defecto a un satoshi, y quien quiera rebajarlas aún más puede fijar base y tasa con una única orden.
El problema aparece con pagos grandes. Quien más pruebas hace lo resume sin rodeos: los únicos atascos serios llegan al enrutar importes altos, porque los canales que abre la gente que está probando y comprando pegatinas son de poca cantidad. La solución apuntada es AMP, el pago atómico multipath, que parte un pago en varios fragmentos por rutas distintas. Como prueba del potencial, un balance difundido en el sector cifraba en 2.000 retiradas y 2,7 BTC apostados por 1.000 personas de 67 países con menos de
1 dólar (13.000 satoshis) en comisiones, siendo la mayor retirada de 700.000 satoshis.
Cerrar un canal es un billete de ida de 144 bloques
El error más caro y más común: cerrar un canal por impaciencia. Un caso real lo cuenta sin adornos. Se abrió un canal, pasaron tres horas sin confirmarse, y se cerró por desconocimiento. Al día siguiente el canal aparecía como cerrado pero el saldo seguía sin volver. La explicación es el
timelock: los canales cerrados tardan unos
144 bloques —aproximadamente un día— en devolver los fondos. La orden para consultar ese estado intermedio existe, pero hay que conocerla.
Carteras y nodos enchufar y listo
El ecosistema se mueve. Para conectar LND con una interfaz gráfica hay lanzadores como Zap, y para móvil aparecieron Zeus y propuestas específicas para operadores de LND. En paralelo, una vía más blanda: BlueWallet, sencilla pero con
custodia, es decir, los fondos los controla el nodo de otro, y Bitcoin Lightning Wallet, también sencilla para Android. También un bot de Telegram que permitía enviar y recibir satoshis escribiendo un comando.
Y luego está el hardware cerrado: equipos de Bitcoin y Lightning "enchufar y listo", con interfaz gráfica y disco incluido, repartidos por una empresa ligada al ecosistema y por una firma de carteras asociada a desarrolladores de nodos completos. El papeleo manual sigue existiendo, eso sí: cada reinicio obliga a desbloquear la cartera a mano salvo que se automatice.
Al final, montar un nodo de Lightning se parece a abrir una tienda en un polígono industrial a medio construir: la infraestructura funciona, los vecinos son majos y el único que compra eres tú. De momento.