Un forero sostiene que Moscú acumula 15 de los 20 rascacielos más altos del continente
¿Puede una capital europea reivindicarse como la mejor del continente sin sonrojo? La tesis arranca con un dato que el foro atribuye a Moscú: de los 20 edificios más altos de Europa,
15 estarían en la capital rusa, y hay
ocho torres de más de 200 metros en plena obra, según el mismo relato. El argumento no se queda en el skyline. Se habla de distrito financiero, oferta cultural ilimitada, barrios de origen soviético reformados y una ciudad que funciona sin sobresaltos a cualquier hora. La contraofensiva llega igual de rápida: frío, oscuridad y dudas económicas.
Cuántos rascacielos tiene Moscú y cuántos están en obra
El recuento que sostiene la tesis es sencillo: 15 de los 20 edificios más altos del continente, con bastantes nuevos en construcción y
ocho promociones por encima de los 200 metros levantándose ahora mismo. No es el ritmo de Dubái ni el de una metrópoli china, se concede, pero sí muy superior al de cualquier capital del entorno, según quien defiende la capital rusa.
Ahí está, probablemente, el núcleo del asunto: quien defiende Moscú dice que en Europa sobran centros históricos y falta construcción moderna. Y no solo torres. Se describe una reforma de edificios antiguos y la sustitución de barrios degradados, con el urbanismo de origen soviético conservado: comercio y servicios a distancia de paseo. El resultado, se sostiene, es una ciudad moderna que no ha renunciado a la escala de barrio. El detalle de que una de esas urbanizaciones lleve firma de un estudio sueco no ayuda precisamente a quien busca autenticidad mediterránea.
El distrito financiero que, según un forero, supera a la City de Londres
El sector financiero más potente de Europa, según el relato del forero, sería el de Moscú, y la City de Londres se le acercaría un poco, a lo lejos. La comparación que se hace es otra: en el resto del continente sobran centros históricos y falta distrito financiero propiamente dicho. Frankfurt lo tiene; Múnich, no. Quien defiende la capital rusa lo dice sin complejos: a la hora de elegir destino,
una catedral más no compensa.
El matiz lo ponen quienes recuerdan que un banco con oficinas enormes y poco negocio detrás no es riqueza, es ladrillo. La crítica de fondo es otra: según otro participante, la riqueza rusa vendría de robar recursos naturales, no de crear empresas, mientras la City viviría de lo segundo. Es la línea que separa un centro de negocios de un escaparate.
¿Se vive mejor en Moscú que en España?
Aquí el pulso se vuelve económico. En una esquina, el argumento de que el poder de compra ruso es paupérrimo y de que, si la ciudad fuera la maravilla que se dice, medio occidente emigraría hacia allí y no al revés. En la otra, según otro participante,
la vida media de Moscú sería equivalente a la de Zaragoza o Murcia.
La escala también juega a favor y en contra:
España tiene 47 millones de habitantes y Rusia, 145 millones, comparación que sirve tanto para relativizar el PIB agregado como para lo contrario. En el capítulo fiscal aparece un detalle llamativo:
el 15% para nacionalizados frente a un 30% de tarifa plana, sin tramos, para residentes extranjeros, según un participante.
San Petersburgo, Sochi y Kazán: el resto del mapa
Casi nadie discute sobre la capital sin mencionar la segunda ciudad.
San Petersburgo está a tres horas y pico en tren de alta velocidad, y varios participantes la consideran más bella o espectacular; otro, en cambio, la desdeña. Un caso ilustrativo: alguien relata que un familiar afín al relato oficial ruso salió emocionado del mausoleo de Lenin y volvió diciendo que Moscú está bien, pero que la antigua capital imperial es muchísimo más bella.
El resto del mapa se reparte. Sochi es destacada por un participante como otra liga, aunque este mismo duda de que pase del medio millón de habitantes. Kazán es descrita como más familiar; Yekaterimburgo, como joven y universitaria, gusta a un participante. Aparecen también preguntas sobre el frío y la falta de sol.
El clima, la luz y el precio real de la postal
El frío y la oscuridad son el gran corrector. En invierno anochece a las tres o cuatro de la tarde y quien lo ha vivido describe a la gente saliendo eufórica a los parques en cuanto cambia la estación. La defensa habitual es que el mismo reproche vale para casi cualquier capital europea: aquí no compite Moscú, compite el clima español, al que se atribuye una ventaja abismal sobre el resto del continente.
También hay que separar la foto de la realidad. Un mirador de suelo metálico que resulta ser la azotea de un edificio, acabados que se ven peor en persona que en Google Imágenes y la sospecha de que el entusiasmo viene de quien no ha pasado un febrero allí. La seguridad ciudadana y la aplicación estricta de la normativa de extranjería —que, según esta lectura, haría prácticamente imposible permanecer más de cinco o diez años— cierran el argumentario.