La ibogaína entra en el hilo y el exorcismo lo desborda
Dos enlaces cambian la conversación de sitio. Uno lleva a una entrevista sobre Kaia Gerber y un exorcismo. El otro abre una ristra de cabeceras sobre la ibogaína. A partir de ahí el hilo deja de mirar a la madre y empieza a mirar al tratamiento, a la hermana y a lo que un par de foreros llaman sacrificios.
Qué se ha sabido
Kate the Great trae la primera pieza: «La hija dice que de niña le hicieron un exorcismo», y pega el enlace de
Vanity Fair. Nadie lo verifica. Ricohombre lo lee y suelta que ya ni le sorprende. Ahí se abre la veta.
El segundo golpe lo da un forero que firma Spock. Pega
once enlaces —El Periódico, CNN en Español, La Razón, Telecinco, Vanitatis, El Correo, BBC, El Mundo, 20minutos, La Vanguardia y Hola— sobre el tratamiento al que el joven se sometió antes de morir: una terapia experimental con ibogaína, un alcaloide psicoactivo de origen africano que se presenta como capaz de cortar adicciones y abstinencia de forma acelerada y que está prohibido en Estados Unidos. El titular que copia recoge una frase del propio Presley Gerber: «Me aterrorizaba». -Alexia- contesta con retranca: «Consumir una droga psicodélica africana que no está estudiada, ¿ qué podría salir mal?... pues eso».
Más suelto. Julc afirma que encontraron sangre en la sustancia. Lo dice sin fuente y nadie lo comprueba. EntebbeSS mira una foto y habla de un tatuaje con la muerte y la guadaña. También se pegan dos vídeos de YouTube que se comentan de pasada, sin que nadie los analice:
. Y circulan una imagen de Vogue y una foto de Daily Mail fechada el
21 de septiembre que nadie glosa. Formiga1 vuelve a la carga con lo mismo de la página anterior: dejarle trabajar con
15 años y meterle en ese mundo.
Dónde está la bronca
Aquí salta la teoría conspirativa y salta en serio. Ricohombre sostiene que hay hijos de famosos en Hollywood ofrecidos como sacrificios y que su destino está escrito antes de nacer. Apoya la idea con
La semilla del diablo y con un enlace de Fotogramas sobre la muerte del hijo de Rob Reiner. No aporta ninguna prueba y nadie se la pide.
La réplica llega por el lado de la clase, no de la fe. Un participante responde que quien se pasa quince horas al día trabajando por poco dinero también pierde la cabeza, y que atribuir el desequilibrio al dinero es mirar solo una parte. La contestación que recibe es una descalificación personal, sin argumento. El intercambio no sigue. Nadie discute el fondo del asunto del exorcismo: se usa como prueba de ambiente y punto.
La segunda bronca es la de siempre, pero con nombres nuevos. FROM HELL pregunta directamente qué tiene que ver una enfermedad de la mente con la riqueza, y añade que Marx y Freud han hecho daño al razonamiento. Yomismita apunta que a lo mejor lo que marca la diferencia no es el dinero en sí, sino no tener que trabajar y poder permitirse vicios. LuismarpIe no compra ese marco y lanza su teoría: para llegar arriba en esos mundos hay que hacer cosas sucias, y la misma gente que te abre puertas acaba diciéndote que lleves a tus hijos a la fiesta. Otro forero, Santon, no entiende nada: con esos medios, dice, lo lógico sería montar un negocio. Penitentes cierra por abajo, en dos líneas: se supone que bebía, era demasiado joven, que descanse en paz.
Qué cambia respecto a antes
Que la madre sale del centro del punto de mira. Ya no se discute solo si Cindy Crawford hizo bien o mal: ahora se discute un tratamiento con nombre y apellidos y lo que contó su hija sobre su infancia. También cambia el tono de la acusación. La sospecha sobre el alcohol pasa a formularse como suposición y el informe forense desaparece del hilo: nadie lo pide, nadie lo espera. Y entra una capa que antes no estaba: la conspirativa, con película de por medio.
Un desvío: qué es la hiperstición
En medio del fango, alguien pregunta qué significa una palabra que otro ha usado. AYN RANDiano2 escribe «Hipersticion? Que es eso?» y TIESTO4EVER responde con la definición académica: un concepto acuñado por el CCRU y desarrollado por Nick Land y Sadie Plant en los años 90, una ficción que, a base de retroalimentación cultural y tecnológica, acaba materializándose. Nadie conecta la definición con el caso. Se queda ahí, colgada, como tantas otras cosas del hilo.