Muere tras inyectarle un contraste pese al aviso del anestesista
La mañana del 3 de marzo de 2023, Julián Ante, de 85 años, entró en el Hospital Virgen de la Luz de Cuenca para una gastroscopia con sedación. Iban a quitarle un cálculo en la vía biliar. Una intervención «como las que se hacen todos los días en todos los hospitales de España», resume su hija Lourdes. Entró a las nueve. A las once seguía dentro y sus hijos ya tenían la mosca detrás de la oreja.
Cuando bajaron a avisarles, la conversación fue tan breve como brutal. «Es que le hemos puesto el contraste yodado». «Pero si es alérgico». Julián era alérgico al contraste yodado desde hacía años y lo llevaba escrito en todos sus informes médicos. El anestesista lo advirtió al cirujano antes de que pinchara. El cirujano respondió que el contraste administrado en la vía biliar no produce reacciones alérgicas. Y lo inyectó igualmente.
Qué dice el informe del anestesista
El relato no es una reconstrucción de la familia. Está en un informe del propio anestesista al que ha tenido acceso
EL MUNDO, redactado con frialdad funcionarial: «Observo que el médico responsable se dispone a administrar contraste yodado y le recuerdo que el paciente es alérgico a los contrastes yodados. Me responde que el contraste yodado administrado en la vía biliar no produce reacciones alérgicas, e inyecta el mismo ignorando mi advertencia».
Pocos minutos después, el mismo profesional describe el primer efecto: «aparición de un exantema torácico, con disminución de la saturación de oxígeno hasta
86% y ausculto roncus en tórax», ante lo que administra corticoides y antihistamínicos. El hombre no despertó. Esa misma tarde, hacia las 16.00, la familia supo que estaba «muy grave»; a las 19.00, tras un TAC, les hablaron de una posible reacción alérgica al contraste y de una infección con edema en la cabeza. A las 23.00, Lourdes pudo verle en reanimación. «Estaba fatal».
Cuarenta y dos días de agonía y una reclamación rechazada
Julián entró en coma por un edema cerebral importante. Aguantó
42 días. A los veinte, movía una mano y abría los ojos, algo que los médicos no se explicaban. Al final murió. Antes, una médica de la UCI les dijo que lo ocurrido debía ser motivo de queja y que no lo dejaran así. «Todos decían, sin ningún género de dudas, que había sido por el contraste yodado», sostiene su hija.
La familia reclamó a la Administración. La respuesta fue una negativa sostenida en varios informes de departamentos del hospital. Entre ellos no había ninguno de Alergología. Con la vía administrativa cerrada, el letrado Carlos Sardinero pidió al anestesista un informe sobre lo sucedido en quirófano y acaba de presentar una denuncia penal. El asunto está ahora en manos de los tribunales y no hay resolución sobre el fondo.
El corporativismo médico, bajo sospecha
El caso ha abierto una discusión más incómoda que la propia negligencia: cuántas muertes parecidas se quedan sin reclamar porque nadie las detecta. La respuesta institucional —informes internos que se contradicen entre sí y ninguno del servicio que mejor podría aclarar la alergia— alimenta esa sospecha. También la excepcionalidad del gesto: que sea un compañero de quirófano quien levante la voz contra otro facultativo rompe la lógica del gremio. Hay quien lo lee como un acto de responsabilidad y quien sospecha que ese anestesista pagará un precio profesional por haber hablado.
En paralelo, la discusión técnica ha ido ganando terreno. Hay quien apunta que en una CPRE el contraste lo administra el endoscopista que realiza el procedimiento, no el anestesista, y que este solo monitoriza y seda. Se recuerda que existen contrastes no yodados. Y hay quien advierte de que muchas «alergias» registradas no son alergias inmunológicas verdaderas, sino efectos adversos o etiquetas mal documentadas, lo que obligaría a comprobar cómo estaba registrada la de Julián. La causa exacta de la muerte, sin autopsia concluyente, sigue sin cerrarse.
Quién era Julián Ante
Había sido camionero y después trabajó en una empresa de toldos. Vivía en Minglanilla (Cuenca) y su ocupación principal era el huerto, que le tenía entretenido todo el día. «Sé que mi padre era mayor, pero estaba perfecto de salud», insiste Lourdes. «Muy ágil, fuerte, muy coqueto». La familia había perdido años antes a la madre. «Que por un cólico así te quedes sin él... Es durísimo. No hay derecho».
El punto exacto donde se atasca todo es este: sin autopsia que fije la causa, la responsabilidad penal y la indemnización quedan colgando de un hilo probatorio. Y mientras tanto, el cirujano sigue ejerciendo.