El avión de Prigozhin cae en Tver y Moscú ya tiene su «accidente»
¿Puede alguien desafiar a Vladímir Putin, lanzar una columna armada hacia Moscú y morir después en un «accidente»? El Embraer Legacy 600 con matrícula RA-02795, el avión ejecutivo atribuido a Yevgueni Prigozhin, se estrelló en la región rusa de Tver, al noroeste de la capital, cuando volaba de Moscú a San Petersburgo. A bordo iban diez personas, tres de ellas tripulación, y ninguna sobrevivió según los primeros informes. El fundador de Wagner figuraba en la lista de pasajeros. Es decir: quien puso en jaque al Ministerio de Defensa ruso hace unos meses aparece ahora muerto, y aparece con la etiqueta de accidente.
Qué se sabe del avión y de los pasajeros
Las primeras versiones hablaron de
siete ocupantes; después, el Ministerio de Emergencias ruso elevó la cifra a diez, tres de ellos tripulantes. Según la Agencia Federal de Transporte Aéreo, Prigozhin estaba en la lista de pasajeros. Con él viajaba
Dmitri Utkin, uno de los fundadores y comandantes del grupo Wagner, la estructura mercenaria que el propio Prigozhin dirigía. El segundo avión de la misma titularidad, matrícula
RA-02878, dio media vuelta y no completó el trayecto. En cualquier otra investigación sería una nota a pie de página. Aquí es munición.
- Matrícula del aparato siniestrado: RA-02795 (Embraer Legacy 600)
- Ocupantes: 10, de ellos 3 tripulantes
- Ruta: Moscú–San Petersburgo
- Segundo avión vinculado: RA-02878, que dio la vuelta
¿Derribo de la defensa aérea rusa o accidente?
Medios rusos, entre ellos la agencia
TASS y el canal Grey Zone, afín a Wagner, sostuvieron que la aeronave fue alcanzada por fuego de defensa aérea del Ministerio de Defensa ruso en el distrito de Bologovsky de la región de Tver. Ese relato no casa con la palabra accidente. Y hay una pista de por qué: al principio las informaciones rusas describían el aparato siniestrado como militar y después lo reclasificaron como civil.
Rusia acumula un historial de muertes administrativas lo bastante largo como para que nadie crea en casualidades. En los comentarios aparece el
polonio, aparecen las ventanas y aparecen las intoxicaciones selectivas. También aparece, como recordatorio incómodo, la nave rusa que se estrelló contra la superficie lunar apenas unos días antes. Dos siniestros, dos relatos oficiales y una misma sensación: la fatalidad trabaja horas extras en Moscú.
Por qué hay quien no da por muerto a Prigozhin
La otra corriente es la del montaje. Rumores sobre su presencia en
Malí circulan desde el primer día, y en la conversación se le coloca alternativamente en Kenia, en Níger, en Caracas o en Managua, siempre con la sospecha de que el siniestro sirve para desaparecer y seguir operando sin hilos ni rendir cuentas. El argumento tiene precedentes ilustres y poco edificantes: Elvis, Sadam Husein, Lady Diana, Bin Laden. La comparación con esos nombres es también su mayor debilidad.
Hay incluso quien señala un fotograma del vídeo del derribo, en torno al segundo 0:25, donde cree distinguir a alguien saltando en paracaídas. Los propios comentarios admiten la alternativa razonable: probablemente sea un fragmento del fuselaje. Nada de eso está confirmado.
El motín fallido y la cuenta pendiente con el Kremlin
Para entender el resto hay que recordar lo obvio: Prigozhin se rebeló contra el alto mando ruso, marchó hacia Moscú con su ejército y, a las pocas horas, se retractó y se exilió. Sobre esa secuencia se construye el análisis más repetido:
crónica de una muerte anunciada. Quien traiciona a un sistema que ha suicidado a familias enteras por mucho menos no se salva por haber dado marcha atrás a tiempo.
En el material circula además un artículo de
Voltaire Network que daba por perdonado a Prigozhin de parte de Putin, con el argumento de que el presidente ruso había prometido que no sería perseguido. Ese texto se usa aquí como prueba retrospectiva de lo contrario: si te van a liquidar, lo lógico es decirte antes que estás perdonado.
Qué queda del negocio Wagner
Wagner no cotiza en ningún mercado, y ese es justamente su modelo: una estructura privada de seguridad que factura al Estado ruso y a los recursos que controla fuera de Rusia, sin accionistas a los que dar explicaciones ni cuentas auditadas que enseñar. Su huella en África, con Malí en todas las quinielas, es la parte del negocio que sobrevive a cualquier fundador.
También hay quien resta importancia al episodio en términos económicos, comparándolo con los activos rusos bloqueados en Occidente y con la impresión de dinero que ambos bandos practican.
Calderilla, dicen. Una forma elegante de recordar que en esta guerra los cadáveres no entran en el balance.
En Rusia, un misil antiaéreo sigue pudiendo ser un accidente laboral. Lo difícil es explicarlo sin que suene a sentencia.