Lladós: «Si un mileurista con panza se ofende, su vida es ofensiva»
¿Cuánto hay de diagnóstico económico y cuánto de escaparate comercial en el discurso de Amadeo Lladós? El personaje,
32 años, instalado en Miami y dedicado a vender su receta de lujo y gimnasio en
redes sociales, lo resume así: quien tiene sobrepeso y gana mil euros
«se ha abandonado y no ha luchado lo suficiente». La frase, recogida en una entrevista publicada por El Mundo, define una filosofía de vida con cientos de seguidores y una capacidad notable para irritar a casi todos los demás.
¿Quién es Amadeo Lladós y qué vende?
Se presenta como coach y comercializa su estilo de vida a través de un
sistema de afiliación. El relato se apoya en una sucesión de Lamborghinis, yates y gimnasio. Mesías para unos, embaucador para otros, su figura encaja, según se sostiene en el debate, en un molde que lleva más de un siglo funcionando: el del vendedor de fórmulas de éxito que vive, precisamente, de vender la fórmula.
El perfil tiene menos de empresario que de escaparate. En España, según su propio relato, alquila un Ferrari o un Lamborghini cada vez que aterriza. En Miami le basta con entrar a un gimnasio:
«me encuentro tres o cuatro Rolls-Royce o Porsches en la puerta». La escena no es un detalle menor: es el argumento de venta.
«La gente tiene lo que se merece, no hay excusas»
Su tesis central no admite matices.
«La gente tiene lo que se merece, no hay excusas. Y si no te gusta tu país puedes emigrar, como hice yo». Preguntado por los países sin democracia, sin recursos y sin oportunidades, el argumento se estrecha y se limita a
«países occidentales y con cierto nivel de desarrollo, con acceso a móviles para ver mis vídeos motivacionales, mis mentorías».
Sobre España el diagnóstico es aún más duro: sostiene que
«la gente no tiene esperanza, ni fe, ni cree que nada sea posible». De ahí su decisión de vivir donde no es el más rico, porque eso, dice, le ayuda a querer más y a crecer. Y una pregunta que resume su escala de valores: «¿Qué me va a enseñar un mileurista?».
¿De dónde sale el dinero de quien presume de millonario?
Aquí empieza el desgaste del personaje. Según las acusaciones que circulan por internet, su única fuente de ingresos sería la venta de cursos del tipo
«hazte millonario en seis semanas», sin propiedades ni negocios que le renten. La horquilla que se repite al hablar de esos programas va de
3.000 a 5.000 euros por formación.
En el mismo paquete aparecen dos nombres que conviene separar del ruido:
IM Academy y el de Mario Peláez, vinculados —según las informaciones difundidas— a parte de la oferta formativa que se le atribuye. Sobre esa base se sostiene la acusación de estafa, que no consta acreditada en ninguna resolución judicial y que no se ha respondido aquí en los términos en que se formula.
El Lamborghini alquilado, la casa y la testosterona
El símbolo se le da la vuelta con facilidad. Un detalle que recorre la conversación pública es que los supercoches que exhibe
no son suyos, sino alquilados para la ocasión. Con la vivienda el asunto es más incómodo: se ha difundido que el propietario habría cargado públicamente contra la versión de que la casa fuera suya.
También hay un frente físico. El propio Lladós habría admitido que
se inyecta testosterona porque, tras encadenar ciclos, su cuerpo ya no la produce de forma natural. Una afirmación que choca con el mensaje de salud y esfuerzo sobre el que construye su imagen y que le ha valido comparaciones constantes con otros agitadores digitales del mismo corte.
Por qué su diagnóstico sobre España encuentra eco
Conviene resistir la tentación de despacharlo todo con una broma. Hay quien sostiene que el fondo del mensaje, despojado del personaje, describe algo reconocible: una parte del mercado laboral español se ha acostumbrado a salarios bajos, la queja se dirige casi siempre al empresario y rara vez a la formación propia, y la movilidad —geográfica y sectorial— sigue siendo escasa.
En contra pesa el argumento contrario: esa lectura convierte un problema de estructura en una culpa individual y deja al mileurista con panza la carga de arreglar lo que no depende solo de él. La discusión no se resuelve con una frase motivacional, y eso, precisamente, es lo que el personaje no está vendiendo.
El molde del vendedor de cursos
Lo llamativo no es el caso, sino la recurrencia. Hay quien sostiene que el
coach que factura millones enseñando a facturar millones lleva más de cien años ocupando el mismo lugar en el ecosistema económico, con o sin redes sociales. Cambian el Lamborghini por el caballo y el teléfono por el panfleto; la mecánica, no.
Por eso el rechazo que genera resulta tan poco eficaz. Discutir con él es darle alcance, y darle alcance es su modelo de negocio. Cada réplica indignada es una cuota de pantalla gratis.
Si mañana desapareciera de internet, el hueco lo ocuparía otro con la misma camisa, otro coche alquilado para la foto y una frase calcada sobre la panza ajena. La única diferencia es que este ya ha conseguido algo que se le resiste a la mayoría: que medio país hable de él sin haberle pagado el curso.