Muere Ratko Mladic, el «Carnicero de Bosnia», cumpliendo cadena perpetua
El ex jefe militar serbobosnio Ratko Mladic ha muerto en La Haya, donde cumplía cadena perpetua por genocidio. Había sufrido varios derrames cerebrales en los últimos meses y su salud era un polvorín. Con él desaparece una de las figuras más siniestras de la guerra de Bosnia, pero también la posibilidad de verle reconocer sus crímenes ante una cámara.
Un héroe para unos, un carnicero para otros
Su muerte ha sacado a la superficie la fractura que los Balcanes llevan tres décadas sin soldar. En los comentarios que circulan desde el anuncio del fallecimiento conviven el desprecio más absoluto y la reivindicación más explícita. Hay quien se atreve a llamarle «héroe de Europa»; hay quien recuerda que la sentencia de La Haya le declaró culpable de genocidio. La desproporción entre ambas lecturas es tan grande que parece que habla de dos personas distintas.
La memoria sigue en disputa
El debate no es solo sobre un hombre, sino sobre cómo Europa cuenta su propia historia. La guerra de Yugoslavia dejó decenas de miles de muertos y una generación que aún arrastra el trauma de haber empuñado un fusil con 18. La muerte de Mladic no cierra esa herida; la reabre.
Mientras el tribunal internacional ha dicho lo que tenía que decir, la opinión pública sigue dividida. Y a este lado del Mediterráneo, la discusión deriva a menudo hacia lugares incómodos, donde la memoria histórica se mezcla con viejos prejuicios. Nada de eso se resuelve con una defunción.
Su legado es un espejo en el que Europa prefiere no mirarse. Con Mladic muerto, la pregunta incómoda es otra: ¿cuánto de aquella tragedia sigue vivo en la política actual? La respuesta, probablemente, no gustará a nadie.