La campaña del Ministerio de Igualdad que criminaliza al hombre español: 206.000 reproducciones y 900 'me gusta'
¿Qué se siente al ser retratado como un agresor potencial cada vez que entras en un bar? La nueva campaña del Ministerio de Igualdad, centrada en la 'violencia digital', ha desatado una tormenta política y social. El spot, de apenas un minuto, muestra a una mujer que entra en un bar, su mirada recorre a los clientes: hombres mayores, uno con corbata, otro con barriga. Todos parecen amenazadores. Solo el camarero, un hombre negro, recibe una sonrisa. El mensaje es claro: el peligro son los hombres blancos españoles. Y a juzgar por la reacción, no ha sentado bien.
La pieza, colgada en YouTube, acumula 206.000 reproducciones, pero apenas 900 'me gusta' (los 'no me gusta' están ocultos). Los comentarios, desactivados. Una decisión que muchos interpretan como un intento de evitar la crítica. La campaña costó una cifra que el Ministerio no ha detallado, pero que se financia con cargo a los Presupuestos Generales del Estado. En un contexto de recortes en sanidad y educación -como apunta algún análisis-, la pregunta es inevitable: ¿es este el destino más urgente del dinero público?
El mensaje y sus destinatarios
La trama es sencilla: una mujer joven, sola, entra en un bar de barrio. La cámara sigue sus pensamientos: 'Recibe numerosas notificaciones machistas en redes sociales', 'un cliente con corbata la mira fijamente'. El único cliente que no aparece como amenaza es el camarero, de raza negra, al que la protagonista saluda. Para el resto, miradas de soslayo, silencios incómodos. La conclusión implícita: el hombre español no racializado es un peligro.
La corriente mayoritaria de análisis sostiene que esta narrativa criminaliza a un colectivo entero por su género y origen, sin matices. Se señala que la 'violencia digital' afecta a ambos sexos, y que reducirla a un problema de hombres blancos es una simplificación ideológica. Además, el tratamiento del único personaje no blanco como 'salvador' refuerza un estereotipo inverso. Como resumen algunos cálculos de la discusión, la campaña logró un impacto masivo en redes, pero con una proporción de aprobación irrisoria.
El coste de la propaganda
Aunque el Ministerio no ha publicado el presupuesto exacto, la producción de un spot publicitario de calidad media ronda los 200.000 euros. A esa cifra hay que sumar la compra de espacios en medios y redes. En un momento en que la economía española arrastra una inflación persistente y el déficit público sigue siendo elevado, la inversión en una campaña tan polarizante levanta ampollas. Un sector del análisis económico apunta que el retorno social es negativo: genera desafección en un segmento amplio de la población -los hombres de entre 30 y 65 años- y no contribuye a reducir la violencia real.
Grietas en el relato oficial
La campaña ha abierto un debate sobre los límites de las políticas de igualdad. Ciertos análisis recuerdan que la violencia contra las mujeres es un problema grave, pero que generalizar el perfil del agresor es contraproducente. Se menciona la teoría de la subversión ideológica del exagente de la KGB Yuri Bezmenov, que describió cómo se desmoraliza una sociedad en cuatro etapas: desmoralización, desestabilización, crisis y normalización. Para algunos, esta campaña encaja en ese esquema como herramienta de división social. Otros, en cambio, la defienden como una forma de visibilizar un problema real, aunque mal ejecutada.
Sea como fuere, el impacto está servido. 206.000 personas vieron el spot, 900 lo aplaudieron. El resto, o lo ignoró o lo rechazó. Y el Ministerio sigue sin dar explicaciones sobre el coste ni sobre los criterios creativos. Al final, la única certeza es que el dinero de todos se gastó en recordarle a una parte de la población que, según el spot, es el enemigo. Y eso, en términos de rentabilidad electoral y social, es difícil de justificar.
Ironías del destino: la campaña que pretendía concienciar ha generado más rechazo que reflexión. Pero bueno, mientras haya presupuesto, habrá creatividad.
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