Felipe VI llama «retenidos» a los presos venezolanos y desata la polémica
Un jefe de Estado que guarda silencio ante las decisiones que afectan a su propio país, pero que no duda en calificar de «retenidos» a los presos políticos de
Venezuela. La paradoja no es menor: el mismo monarca que firma leyes que la Constitución prohíbe, según sus críticos, se permite opinar sobre política internacional con una ligereza que ha encendido todos los resortes del análisis. La discusión, lejos de quedarse en el gesto, ha derivado en un ajuste de cuentas con la institución monárquica en su conjunto.
¿Qué dijo exactamente el Rey sobre los presos venezolanos?
El detonante fue el uso del término «retenidos» para referirse a los presos políticos venezolanos. Para una parte del análisis, la elección no es casual: se trata de la misma terminología que emplea el lenguaje oficial para diluir la carga política de una detención. «Retenido» sugiere una demora administrativa, un trámite atascado, no una privación de libertad por motivos ideológicos. La crítica es directa: si el Rey no ha alzado la voz ante lo que considera atropellos internos, ¿con qué autoridad moral se pronuncia sobre lo que ocurre fuera de sus fronteras?
La respuesta más repetida apunta a un patrón. El monarca habría sido un «felpudo» —el término se repite con insistencia— ante las decisiones del Ejecutivo que sus críticos tildan de antidemocráticas. La amnistía, los indultos, el despliegue militar tras la catástrofe climática: en todos esos frentes, el silencio. En cambio, para hablar de Venezuela, el Rey encuentra la voz. Eso, para muchos, no es diplomacia: es sumisión selectiva.
El papel del monarca en la política española: ¿garante o figurante?
El debate deriva rápidamente hacia una cuestión de fondo: ¿para qué sirve el Rey? La Constitución le atribuye el mando supremo de las Fuerzas Armadas. Sobre el papel, podría haber ordenado la intervención militar en la catástrofe de la DANA. En la práctica, los militares responden a órdenes del Gobierno. ¿Qué impidió al Rey ejercer ese mando? La pregunta queda flotando, sin respuesta, pero con una implicación incómoda: el cargo es decorativo cuando conviene y ejecutivo cuando interesa.
Hay quien sostiene que el problema no es este Rey, sino la institución. La monarquía, argumentan, llegó de la mano de un régimen que la apadrinó por presiones externas, no por convicción interna. El mayor error de Franco, se llega a decir, fue traer una monarquía tras décadas sin rey. Otros recuerdan que muchos de los generales que se levantaron en 1936 eran republicanos, y que la transición a una república unitaria habría evitado la asimetría territorial actual.
El contexto internacional: Venezuela, Estados Unidos y el petróleo
La discusión sobre Venezuela no se queda en el calificativo. Se cruza con la geopolítica del petróleo. Se argumenta que Estados Unidos ha pactado con el chavismo para extraer crudo, y que la democracia y los presos políticos son lo de menos. La conclusión que se extrae es amarga: las opiniones del Rey sobre Venezuela valen lo que valen, porque el tablero lo mueven otros intereses. Mientras tanto, los centros de detención venezolanos siguen funcionando, y el Rey no ha dicho nada al respecto.
La monarquía como institución: ¿reforma o abolición?
El abanico de posturas es amplio. Desde quienes piden un referéndum sobre la forma de Estado hasta quienes defienden que Leonor I herede el trono y los republicanos se marchen a Francia a disfrutar de sus ideas ilustradas. En medio, una corriente que no ve en la república una solución mágica: una jefatura de Estado votada cada equis años sería, como mínimo, la misma miseria. La discusión no es tanto monarquía sí o no, sino qué se pone en su lugar.
La ironía recorre el análisis: el Rey que no se moja en casa se moja fuera, y lo hace con un término que suena a excusa. El «felpudo» que firma lo que le ponen delante encuentra en la política internacional un escenario donde parecer alguien. El problema es que, para muchos, ya no cuela.
¿Y si el problema no fuera el Rey, sino que seguimos esperando que un cargo decorativo resuelva lo que solo se arregla en las urnas?