Netanyahu responde a Sánchez con el ejemplo de los bombardeos aliados
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha respondido a las críticas de Pedro Sánchez y del primer ministro belga con un argumento que ha incendiado el debate: «No sé cómo habría sido la historia si hubiera habido manifestaciones y protestas en Occidente contra los Aliados por las bajas civiles alemanas. Sé que la historia habría sido muy diferente». La frase, difundida por la cuenta oficial del primer ministro israelí, ha sido leída por algunos participantes del debate como una justificación de los bombardeos aliados sobre Dresde y otras ciudades alemanas durante la Segunda Guerra Mundial. Y como un aviso: ellos pueden, tú no.
El comodín de Hitler y el doble rasero occidental
La comparación no es inocente. Netanyahu equipara a Hamás con la Alemania nazi y a los críticos occidentales con quienes se opusieron a los bombardeos aliados. El problema, señalan algunas voces, es que ese mismo rasero no se aplica a otros casos. «A Milosevic le bombardeó la OTAN por matar a 8.000-10.000 civiles», recuerda un participante, mientras que Israel mantiene una bula que le permite hacer lo que a otros les costó un juicio en La Haya. La cifra, repetida en el debate, sirve para subrayar la asimetría: unos son juzgados, otros son aliados estratégicos.
La respuesta de Netanyahu llega después de que Sánchez y el primer ministro belga no atribuyeran «toda la responsabilidad» a Hamás por los crímenes contra la humanidad. El primer ministro israelí lo calificó de condena insuficiente. En España, la reacción no se hizo esperar: desde el «Bien Netanyahu» hasta el «va a quemar el Hitler comodín de tanto usarlo», pasando por quien ve en el tuit una justificación agresiva de Dresde. La discusión derivó rápidamente hacia el papel de España en Oriente Medio y la supuesta sumisión a Estados Unidos.
¿Cuánto dinero recibe Israel de Estados Unidos?
Uno de los datos que más ha circulado en el debate es la ayuda exterior estadounidense. Según las cifras aportadas, Israel es el mayor receptor acumulado de ayuda exterior de Estados Unidos: hasta febrero de 2022, Washington había proporcionado a Israel 150.000 millones de dólares en asistencia bilateral (sin ajustar por inflación). La cifra se ha usado para argumentar que la relación no es de alianza entre iguales, sino de vasallaje. «Un aliado que no le ha aportado un solo soldado nunca en ninguna de sus guerras», se lee en el debate.
La contraargumentación también tiene recorrido: Estados Unidos también envía dinero a Palestina y la UE hace lo propio. Y hay quien defiende que a Washington le beneficia que Israel mantenga su posición en Oriente Medio como centro de atención de los países musulmanes de la zona. El intercambio de golpes entre ambas posiciones ha sido uno de los ejes del hilo, sin que ninguna de las partes haya cedido terreno.
El papel de Sánchez y la posición histórica de España
La figura de Pedro Sánchez ha centrado buena parte de las críticas. «En el plano internacional no es nadie ni le hace caso nadie», sostiene una de las intervenciones más repetidas. Otros van más allá y le acusan de haber traicionado la posición histórica de España en Oriente Medio, en contraste con lo ocurrido con el Sáhara. La cumbre con Netanyahu, según estas voces, habría sido una humillación pública para un presidente que se presenta como interlocutor válido.
El debate también ha derivado hacia la cuestión migratoria y la supuesta influencia judía en la política española. Algunas intervenciones sostienen que «los judíos no controlan nada» y que es la propia dinámica política interna la que explica las decisiones migratorias. Otras, en cambio, señalan que llama la atención que, con solo 45.000 judíos en España, uno de ellos ocupe el número tres del PP. La discusión, en cualquier caso, se ha movido entre la geopolítica y la teoría conspirativa sin demasiado rigor.
El contexto: Kosovo, Milosevic y la limpieza étnica
La comparación con los Balcanes ha sido recurrente. Hay quien sostiene que «nunca hubo limpieza étnica en Kosovo» y que se trató de operaciones policiales contra terroristas, mientras que otros defienden que Israel está llevando a cabo una limpieza étnica en Gaza. La discusión sobre qué constituye limpieza étnica y qué no se ha convertido en un campo de batalla semántico. Los datos sobre víctimas civiles en uno y otro caso se han usado como argumento en ambas direcciones.
El intercambio ha dejado una conclusión incómoda: la comunidad internacional aplica criterios distintos según quién sea el autor de los bombardeos. Unos son juzgados en La Haya; otros reciben 150.000 millones de dólares en ayuda. La pregunta que sobrevuela el debate no es si Israel tiene derecho a defenderse, sino si ese derecho incluye lo que Netanyahu acaba de justificar con el ejemplo de Dresde.
¿Hasta dónde llega el derecho a la autodefensa cuando se invoca el bombardeo de ciudades enteras como precedente legítimo?