¿Más calor o menos aguante? El verano se ha vuelto una queja crónica
Cada verano se repite la misma escena: las redes arden con quejas por el calor. Pero este año la discusión ha dado una vuelta de tuerca: ¿y si el problema no es el termómetro, sino nuestra resistencia? Hay quien sostiene que el calor de ahora es similar al de hace 20 o 30 años; lo que ha cambiado es nuestra tolerancia, derretida a golpe de aire acondicionado.
El aire acondicionado, culpable o cómplice
La tesis central es sencilla: antes se trabajaba de sol a sol a 40 grados y nadie se quejaba; hoy, un paseo a 30 grados parece una aventura extrema. La culpa sería del confort térmico generalizado. El cuerpo se habitúa al aire acondicionado y pierde la capacidad de aclimatación. A eso se suma el envejecimiento: cada vez somos mayores y el cuerpo regula peor la temperatura.
La nostalgia del helado de semáforo
En medio de la discusión, no falta la ironía: desde que desapareció el helado de semáforo de Avidesa, el verano ya no es lo que era. La memoria es selectiva y tiñe el pasado de un esplendor que quizá nunca tuvo. También aparecen comparaciones con otras 'intolerancias', como la evasión fiscal o las vacunas, una muestra de hasta dónde llega la suspicacia hacia el relato oficial.
¿Y si hace más calor de verdad?
La postura contraria insiste en que no todo es percepción. Las temperaturas medias suben, las olas de calor son más frecuentes y el verano se alarga. El problema se agrava para los mayores, los niños y quien trabaja al aire libre. Negar el cambio climático con un 'siempre ha hecho calor' es tan tramposo como ignorar que nuestra comodidad térmica ha subido el listón de lo que consideramos soportable.
Queda la pregunta en el aire: ¿estamos ante un clima más extremo o ante una población más quejumbrosa? La respuesta no es única. Pero la próxima vez que alguien diga que 'no se puede vivir' con este calor, quizá valga la pena preguntarse cuándo empezó a necesitar un termostato para sentirse vivo.