Adiós al plan Kalergi: la nueva conspiración es un ‘matriarcado queer’
¿Se han quedado obsoletas las conspiraciones clásicas? En los rincones más oscuros de la red, el tradicional relato del plan Kalergi y las élites judías está siendo desplazado por una teoría aún más pintoresca: la existencia de un ‘matriarcado queer heterófobo’ que, según sus defensores, controla la economía, la política y la cultura para humillar al hombre heterosexual.
La idea, expuesta con la vehemencia y la falta de pruebas características del género, postula que todas las medidas económicas, sociales y artísticas comparten un mismo denominador: la degradación del varón. El supuesto Nuevo Orden Mundial ya no sería obra de una camarilla judeo-masónica, sino de una alianza entre feminismo radical y colectivos LGTBIQ+. Un salto cualitativo que, por su propia naturaleza, apenas deja rastro documental: “no hay libros de historia alternativa sobre diosas madres o dioses homosexuales”, se lamenta un partidario.
La curiosa evolución no es más que un desplazamiento del chivo expiatorio. Mientras unos insisten en el clásico “lobby judío” y la masonería, otros han actualizado el manual con un enemigo más acorde a la polarización cultural del siglo XXI. El resultado es el mismo de siempre: una élite oculta, todopoderosa y malvada, solo que ahora lleva falda y bandera arcoíris. Lo único que no cambia es la incapacidad de aportar una sola prueba que no sea una interpretación torcida de la realidad.
Porque sí, la teoría del matriarcado queer compite con las viejas conspiraciones antisemitas. Pero ambas comparten la misma estructura narrativa: una minoría organizada oprime a una mayoría inocente. Cambian los nombres, pero la lógica conspirativa sigue intacta. Y mientras unos y otros se disputan cuál es la verdadera élite maligna, el resto podemos dedicarnos a contrastar datos, que es más divertido y menos dañino.