Europa encara una crisis de queroseno: reservas para seis semanas
Un artículo de El Mundo destapó a mediados de abril de 2026 lo que parecía una broma de mal gusto: la Unión Europea dispondría de queroseno para apenas seis semanas. La noticia, que voló de foro en foro, tiene miga. No es un bulo de internet: el diario lo publicó, y desde entonces las reacciones oscilan entre el escepticismo y el pánico existencial.
La publicación original, de pago, no ha sido desmentida por fuentes oficiales, lo que ya es sospechoso. Quienes han podido leerla confirman que las cifras son reales: las reservas estratégicas de combustible de aviación en Europa no llegarían al verano si no se toman medidas. Mientras, Lufthansa ya ha liquidado su filial Cityline y retirado aviones de largo radio, según Preferente.com. El primer aviso serio.
Peak oil o transición verde mal planificada
El debate sobre el pico del petróleo lleva décadas, pero los hechos son tozudos. Durante años, la UE ha ido desmantelando su capacidad de refino en aras de la transición ecológica, sin tener una alternativa real para la aviación. El avión eléctrico de largo radio sigue siendo ciencia ficción. Ahora, con las tensiones geopolíticas, se pagan las consecuencias. Las advertencias de Trump sobre la dependencia energética europea parecen proféticas, aunque nadie quiera reconocerlo.
La paradoja es que mientras se habla de escasez, los vuelos de migración —el «Pancho Shuttle»— podrían tener prioridad. No faltan quienes ven una maniobra selectiva: combustible para unos sí, para otros no. El Falcon de los políticos siempre tendrá carburante, ironizan algunos.
Turismo en jaque y el regreso al mundo de ayer
La industria turística española, gran dependiente del avión, se prepara para una ostia gorda. Vuelos a Japón este verano, imposibles. Las agencias de viaje y los especuladores del alquiler vacacional pueden empezar a temblar. Por contra, hay quien lo ve como una oportunidad para una Europa más autárquica, con nuevas industrias y empleo. Otros recuerdan que antes de los vuelos baratos ya se viajaba —en coche, sin GPS, sin selfies— y el mundo no se acabó.
Pero el corto plazo es crudo. Con seis semanas de reservas, el racionamiento debería empezar ya. Y sin embargo, no hay planes de contingencia. O los hay pero no se cuentan. La desconfianza en el relato oficial es total.
El dato descoloca: si la situación fuera tan crítica, los gobiernos ya habrían tomado medidas. Que no lo hagan alimenta la teoría de que es una patraña, o bien que el colapso es tan inminente que prefieren no alarmar. En cualquier caso, la cuenta atrás ha empezado. Y nadie sabe cómo acabará.
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