¿Puede el sexo mover realmente el IBEX? Al menos, quien lanzó la pregunta en un foro de economía lo afirmaba sin ambages: el sexo mueve todo el IBEX y Wall Street. Una afirmación tan rotunda como provocadora, que merece un análisis sosegado.
La industria del entretenimiento para adultos mueve, según estimaciones del sector, entre 5.000 y 10.000 millones de euros anuales solo en Europa. A ello se suma el turismo sexual –con un impacto estimado de 3.000 millones en el PIB tailandés– y la publicidad erótica. Sin embargo, buena parte de esta economía opera en la sombra, sin contabilidad oficial, lo que dificulta medir su peso real.
En España, el negocio del sexo se concentra en clubes de alterne, páginas web y estudios de grabación. Algunas comunidades autónomas han intentado regularlo, pero la falta de estadísticas fiables impide saber si su contribución al PIB es relevante. Lo que sí se sabe es que los grandes fondos de inversión llevan años apostando por el sector: compañías como MindGeek (hoy Aylo) han sido adquiridas por firmas de capital riesgo, lo que demuestra que el sexo, además de placer, genera retornos.
La pregunta directa del título –cruda, grosera, pero eficaz– en realidad apunta a una cuestión de fondo: ¿por qué una actividad que mueve tanto dinero sigue siendo tratada como tabú en los análisis económicos? Quizá porque, como sugiere la ironía del debate, mientras los políticos hablan de orgullo y moral, los mercados ya han votado con sus carteras.