Gustavo Bueno, el cuñadismo y la filosofía española
¿Se puede tomar en serio a un pensador que levanta un sistema filosófico integral y lo convierte en arma de trinchera? La pregunta sobrevuela estos días la guerra cultural por el legado de Gustavo Bueno y de su principal heredero mediático, Jesús G. Maestro.
Entre los que siguen estas batallas, el consenso es escaso: Maestro y Bueno se han convertido en el nuevo campo de pruebas del cuñadismo nacional. Ni Arturo Pérez-Reverte, gran competidor en la categoría, logra desbancar al catedrático de literatura. Su cruzada para promocionar a Cervantes contra el mundo anglosajón es leída por unos como defensa de la hispanidad y por otros como un complejo de inferioridad con ínfulas.
La contradicción del materialismo filosófico
El centro de la trifulca es el materialismo filosófico. Sus defensores lo describen como un sistema con reglas claras y auditables, de raíz escolástica; sus críticos ven dogmatismo de escuela que habla de Lutero o de los anabaptistas sin salir de Kant y del krausismo. Hay una ironía que nadie resuelve: los mismos que se proclaman antianglosajones construyen un pensamiento del descreimiento más cercano a la tradición anglosajona que a la española, que fue trascendental, socarrona y vitalista.
1914: el mundo que no volvió
En mitad de la trifulca asoma el pesimismo histórico: vivimos en las ruinas de una civilización superior, el mundo terminó en 1914. No es una boutade menor. Si la lengua no da para escribir una divina comedia, quizá sea porque algo se rompió antes, y llevamos un siglo administrando ruinas.
Queda, eso sí, una certeza: hay quien ve en Maestro y Bueno el último gran esfuerzo por dar forma a un pensamiento nacional, y quien solo ve relojes parados que aciertan dos veces al día. Divina no parece. Comedia, todo lo que se quiera.