El siglo XIX atrae, pero era un siglo de cólera y guerras
El siglo XIX es el único con adjetivo propio: «decimonónico». Y sin embargo, fue un siglo de cólera, tifus y guerras civiles. La paradoja es que, precisamente ahora, su estética y su tecnología primigenia generan una nostalgia creciente. La máquina de vapor, el alumbrado por gas, la telegrafía, el servicio postal y la electricidad incipiente dibujan un imaginario de progreso que hoy se añora. La pintura elaborada, la música de Wagner, Bizet o Verdi, y una arquitectura que muchos consideran insuperable completan el cuadro.
El atractivo estético y tecnológico
Hay quien defiende que los edificios de entonces tienen una categoría que los actuales no alcanzan. Las ciudades, menos congestionadas que en el siglo XX, y la navegación marítima, más auténtica y nacional, se citan como argumentos. El imperio austro-húngaro y la dominación mundial de las potencias europeas, con Inglaterra por delante de Estados Unidos, completan una visión de un mundo ordenado y jerárquico. La palabra «decimonónico» suena a elegancia, a salones de té y a empresas azucareras administradas en Cuba mientras se fuma en pipa.
La otra cara: un siglo convulso
Pero la realidad fue menos amable. Para España, el siglo XIX empezó con Napoleón y acabó con el Desastre del 98, plagado de guerras civiles y políticos corruptos. La mortalidad por cólera, tifus o tuberculosis era la norma, y la esperanza de vida no llegaba a los 50 años. Quienes se acercan a la época recomiendan los Episodios Nacionales de Galdós como retrato fiel, aunque sea novela histórica. La nostalgia es selectiva: se recuerda el vapor y se olvida el cólera.
¿Preferirías morir de cólera a los 40 o de alzheimer a los 80? La pregunta queda abierta.