Un imán de neodimio mueve las monedas de plata auténticas
Un aficionado a la numismática descubre que un imán de neodimio desplaza ligeramente las monedas de
plata auténticas si se pasa rápidamente sobre ellas a 1 o 2 milímetros de distancia. El hallazgo, compartido en un foro de inversores, desata un debate sobre física, falsificaciones y métodos caseros de verificación.
La prueba es sencilla: se coloca la moneda sobre una superficie de melamina y se pasa un imán potente, como los discos que venden los bazares, sin tocarla. Las monedas de plata se mueven un poco; las de cuproníquel o el oro de un anillo, no. El autor del hallazgo probó con
Karlillos, Arcas de Noé, Africanas, Canadienses y Duros de plata, incluidas piezas de ley 0,720 como una mejicana de las Olimpiadas del 86. Todas respondieron al imán. Una moneda histórica que sospechaba falsa no se movió. «Yo ya me llevé uno», lamenta.
¿Por qué se mueve la plata con un imán?
La explicación más repetida apunta a las
corrientes de inducción. Al mover el imán sobre un conductor, se generan corrientes eléctricas que crean un campo magnético opuesto y arrastran ligeramente el metal. La plata es el mejor conductor, seguida del cobre y el oro. Sin embargo, el oro debería reaccionar más que la plata, y en las pruebas no lo hizo. «Con el oro debería entonces suceder igual, ¿no?», se pregunta el autor. La respuesta que surge es que el anillo tiene menos superficie expuesta, pero nadie lo verifica con una moneda de oro.
Otra hipótesis apunta a la deformación mecánica. Un exempleado de una fábrica de ollas de acero inoxidable recuerda que las ollas recién prensadas atraían el imán por los lados, pero no en la base no trabajada. Algo similar podría ocurrir con la acuñación: el golpe de la prensa alteraría la estructura del metal y lo haría ligeramente magnético. La plata pura, en teoría diamagnética, repele débilmente el imán, pero el efecto es demasiado sutil para explicar el desplazamiento.
El método del sonido y las apps de verificación
El hilo deriva hacia otro sistema: el análisis de la frecuencia de resonancia. Una app móvil,
Bullion Test, permite golpear suavemente el canto de la moneda y compara el sonido con una base de datos. Cuesta 3 euros la versión completa y reconoce monedas como el Silver Eagle, Maple Leaf, Filarmónica, Kookaburra, Koala, Panda o el Morgan Dollar. En oro, solo el Krugerrand y el Canguro. Los usuarios comparten sus propias mediciones en hercios y construyen una tabla colaborativa. «La prueba la he realizado sobre los sonidos emitidos por el video y a través de los altavoces de mi laptop el programa los verifica como si fuera real», admite un participante, lo que siembra dudas sobre la fiabilidad del sistema.
El método del imán, mientras tanto, sigue sin explicación cerrada. Funciona con plata y bronce, no con oro ni cuproníquel. La física invita a pensar en inducción electromagnética, pero los experimentos caseros no cuadran del todo. La moneda falsa que no se movió es la prueba más contundente de que algo real hay detrás. Nadie ha medido la fuerza exacta ni ha repetido la prueba con una moneda de oro. El análisis se atasca ahí.