Tirar la comida en la mesa: la última polémica hostelera en Madrid
Comer directamente sobre la mesa, sin plato ni cubiertos, ya no es una estampa exótica. En Madrid ha aterrizado una corriente de restauración que sustituye la vajilla por papel o incluso por la propia superficie del mobiliario. La idea, presentada como experiencia informal y desenfadada, tiene defensores que celebran la reducción de costes y detractores que ven un paso atrás en higiene y modales.
El precedente no es nuevo. Cadenas como Wowcrab, de origen neerlandés, ya han construido su negocio alrededor de mariscos vertidos directamente sobre la mesa y consumidos a mano. La propuesta, que algunos etiquetan como importación estadounidense, choca con prácticas gastronómicas locales que asocian la comida servida en plato con civilización.
Los argumentos económicos juegan a favor: menos vajilla que lavar, menos tiempo de servicio y un mayor desparpajo que acerca la experiencia a un espectáculo. Pero la controversia va más allá del ahorro. Cuestiones como la higiene de las superficies o el manejo de alérgenos aún no tienen respuesta clara. La autoridad sanitaria no se ha pronunciado, y es ahí donde la moda muestra su talón de Aquiles.
Que la tendencia llegará a más locales es previsible si el ahorro y el éxito de público sostienen el modelo. Que se imponga sin modulaciones es menos probable: la regulación, si los riesgos se confirman, acabará poniendo coto a la experiencia. Mientras tanto, Madrid seguirá debatiendo si comer con las manos es libertad o simple ocurrencia.