El síndrome anti-DiCaprio: ¿por qué los hombres que evitan a chicas jóvenes son aplaudidos?
El cómico Ernesto Sevilla, de 47 años, declaró que nunca saldría con chicas jóvenes porque le parece “ridículo”. La reacción mediática fue inmediata: loas a su madurez y coherencia. Sin embargo, si Leonardo DiCaprio hiciera lo mismo, sería tildado de machista. La paradoja revela un doble rasero que ha reabierto el debate sobre las relaciones asimétricas por edad, pero esta vez con un giro: cuando el hombre es el mayor, se le critica; cuando es la mujer, se aplaude como progreso.
El artículo que lo desencadenó
El diario El País publicó el 18 de marzo de 2026 un artículo de Marita Alonso titulado “Nunca me iría con chicas jóvenes”: el síndrome anti-DiCaprio o los hombres que se rebelan contra el cliché. La pieza citaba a la psicóloga Olga Barroso, quien argumentaba que los hombres que reducen a las mujeres a su atractivo físico lo hacen por inseguridad y miedo a mujeres con “carácter”. La tesis central: preferir mujeres jóvenes es machista; preferir mujeres mayores es evolucionado. Sin embargo, el análisis omitía un dato incómodo: el presidente francés Emmanuel Macron tiene una esposa 27 años mayor, y esa relación es ensalzada como símbolo de progreso.
La respuesta: biología frente a moralina
En los círculos de discusión, la reacción fue mayoritariamente escéptica. Se señaló que la preferencia masculina por la juventud tiene una base biológica ligada a la fertilidad y la reproducción. “Los humanos presentamos dimorfismo sexual, y la razón principal para emparejarnos es reproducirnos”, resumía un análisis. La ventana reproductiva femenina es limitada, mientras que la masculina se extiende décadas, lo que hace evolutivamente lógico que los hombres se sientan atraídos por mujeres jóvenes. Negar esto, argumentaban, es ignorar la biología en favor de una narrativa ideológica.
Por otro lado, se destapó la hipocresía inversa: las mujeres jóvenes suelen elegir hombres mayores con recursos. “Un tío de 30 con carrera y sueldo decente siempre tendrá más opciones que uno de 20 que estudia y vive con los padres”, se leía en un comentario. Lo que para ellas es “proyecto de vida”, para ellos es “cosificación”. El doble rasero es evidente.
El fondo del asunto
Más allá del debate sobre la edad, la cuestión de fondo es si la elección de pareja debe ser moralizada. El artículo de Alonso pretende imponer un estándar ético que no resiste el contraste con la realidad. La psicóloga citada afirma que “los hombres que han evolucionado son los que han tenido cerca mujeres con carácter”, dando a entender que un hombre no puede crecer por sí mismo. Esta infantilización del varón es una constante en el discurso de género, y fue recibida con sarcasmo.
El cierre: ¿y la economía?
Aunque el hilo se etiqueta en Economía, el debate tiene implicaciones económicas reales. Las decisiones de emparejamiento afectan la natalidad, el mercado laboral y el consumo. Si se estigmatiza la diferencia de edad, se desincentivan relaciones que podrían ser productivas. Pero lo que realmente se discute es el control social sobre las preferencias privadas. Al final, la pregunta que queda en el aire es: ¿por qué la izquierda mediática, que proclama la libertad individual, se empeña en dictar con quién debemos acostarnos?
Debates relacionados en el foro