Esto que comentas de La Aceptación es de lo más interesante. Hace una semana participé en un taller conducido por un psicólogo que trataba el problema de la perdida de seres queridos o el tener que cuidar de un ser querido que estaba enfermo, es decir hacer el papel de cuidador del mismo. Lo primero que dije yo al grupo nada más empezar y tras comentar la perdida de mi progenitora fue justamente lo que mencionas. Tras pensar mucho en lo ocurrido, he llegado a aceptar lo que ha ocurrido, porque quien soy yo para impedirlo. Si se me ha ido, es porque ha sido voluntad de un ser supremo y cómo me voy yo a oponer a ello. Y sí se lleva mejor tras aceptarlo, aunque el dolor sigue estando y también es un consuelo saber que yo misma me iré algún día.Estais hablando de algo que estoy viviendo yo en estos momentos, el miércoles pasado falleció mi padre de un infarto. Saludos.
Hay que tirar para adelante porque no queda otra pero es obvio que se pasa mal.
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Y claro tras La Aceptación se siente una apertura de consciencia que no solamente me sirve para sobrellevar mejor la ausencia de mi progenitora, sino también para entender muchas otras cosas de la vida y de otros seres que me rodean. Pero sí renko, el primer paso que al menos yo he dado ha sido ese La Aceptación.
Y ya que mencionas EL PERDÓN, esto sí que se me hace muchísimo más complicado. Veo como familiares directos a mi alrededor siguen viviendo su vida como si no hubiese ocurrido nada y volcados en el materialismo puro y duro. Cómo puedo perdonar yo a estos seres que yo siendo consciente de lo ocurrido me han dejado sola y soy la única que se dedica en cuerpo y alma a mi padre, que es quien realmente lo necesita? Bueno, si ya estaba distanciada antes de estas personas, pues ahora muchísimo más. Me pasa lo que a ti renko, no me siento identificada con esos seres y su presencia me incomoda muchísimo, con lo cual cuanto más lejos mejor. Ahora que lo del perdón no lo tengo dominado.
Si ha ansioso el tema seguro que no ha sido casualidad y es que tenía que salir. En el caso de mi progenitora ha sido algo muy similar a lo de tu padre y yo también sentí mucha paz a pesar del inmenso dolor. Falleció en casa en su cama y permanecí a su lado hasta que los de la funeraria se la llevaran tras unas 6 horas. Sentí mucha fuerza y quise estar presente en todo hasta que salió de casa además de ser quien se ocupó de todo. Es curioso que no se siente ni cansancio, ni hambre, ni sueño, etc., es como si no trancurriese el tiempo, como si el cuerpo de uno tampoco estuviese aquí.Aceptarlo pues si, lo voy aceptando... Con algún bajón pero si, ahora me toca estar más y acompañar a mi progenitora que lo necesita.
Murió de un infarto conmigo presente, lo intenté reanimar pero no pudo ser, la ambulancia vino pronto pero ya fue imposible.
En el tanatorio me decía alguna gente que no me quedase con esa última imagen de mi padre en mis brazos con la mirada ya pérdida.... Para mí eso no ha sido trauma alguno, no me persigue esa imagen... el tema no es tanto eso como su falta en el día a día y que con todo aún está todo muy reciente.
Después de la misa del tanatorio y antes de que lo incineraran se nos permitió verlo, claro, no me había enfrentado a eso y hasta me resultó una experiencia grata, parecía dormir plácidamente y descansar tranquilo.
Con eso me quedo y que aunque nos pilló a pie cambiado, él fue operado de corazón hace tres años y en los dos últimos meses pues lo hemos ingresado por múltiples complicaciones.
Ha estado muy cuidado por toda la familia, mi progenitora se despidió de él diciendo que lo queríamos mucho, pero eso el siempre lo supo.
Que descanse en paz.
Es curioso que haya ansioso este tema aquí justo cuando ha pasado todo esto, de ahí mi intervención
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En el tanatorio la vi también con cara de paz y tranquilidad y no quise olvidar su cara hasta el punto que delante de la gente que por allí estaba le hice varias fotos para tenerlas solamente yo y jamás olvidar ese doloroso pero bello momento en que mi ser más querido había dejado este mundo. Y tras esta experiencia creo que la "gloria" es el momento más importante de una persona.