«Lamentablemente, no creo que haya sido un éxito para el clima. La gente simplemente habla y no hace lo que dice», dijo entonces, después de haber clamado ante la cúpula económica global: «¡La casa está en llamas!».
Y mientras Greta sirve de pantalla mediática y el Foro Económico Mundial se esfuerza por difundir que ha
disminuido el número de participantes que llegan en avión privado y que el encuentro borra su
huella climática procurándose comida de kilómetro cero y plantación de árboles, lo que realmente se debatirá en los pasillos es el diseño de un plan de adaptación rápida para las empresas a la
cuarta revolución industrial, que
amenaza con terminar con sólidos modelos de negocio a muy corto plazo y requiere cambios de hábitos para garantizar la
supermiciencia. De eso trata el manifiesto adelantado por el Foro en su página web, en el que invita a las empresas a colaborar con todos sus
stakeholders en la creación de valor compartido y sostenido, señalando que, al crearlo, las empresas no cumplen únicamente con sus accionistas, sino con todos sus stakeholders: empleados, clientes, proveedores, comunidades locales y la sociedad en general.
Davos sostiene que una
empresa «cumple con sus clientes cuando les ofrece una
propuesta de valor que encaja a la perfección con sus necesidades. Acepta y respalda la competencia leal y la igualdad de condiciones y muestra una tolerancia cero ante la corrupción». El Foro adapta los
principios de Greta Thumberg, aplicándolos a la sostenibilidad de las
empresas, e insiste en la necesidad de velar por la fiabilidad y la confiabilidad del
ecosistema digital en el que opera para hacerlo sostenible.
En el
manifiesto hay una llamada a
modificar las relaciones laborales y las relaciones de la empresa 4.0 para garantizar su continuidad. Defiende que la empresa debe «tratar a su personal con dignidad y respeto. Respetar la diversidad y aspirar a la mejora continua de las condiciones de trabajo y el bienestar de los empleados. En un mundo sometido a constantes cambios, una empresa debe abogar por la
continuidad en el empleo mediante la mejora continua de las competencias y la adquisición de otras nuevas». Señala también que «una empresa debe considerar a sus proveedores como verdaderos asociados en la creación de valor. Brindar las mismas oportunidades a los
nuevos participantes en el mercado e integrar el respeto por los derechos humanos en todos los eslabones de la cadena de suministro».
Klaus Schwab, uno de los padres fundadores del encuentro, se ha referido a este
documento como
un intento de reformar el capitalismo para sentar nuevas bases del modelo económico. En esta especie de
libro blanco de la actividad empresarial de la economía digitalizada, Davos llama a pagar «un porcentaje equitativo de los impuestos» y se convierte a la fe de la «economía circular, compartida y regenerativa», sin olvidar fijar como una «necesidad» la práctica de «ampliar incesantemente los límites del conocimiento, la innovación y la tecnología para mejorar el bienestar de las personas». El
manifiesto se apropia también del lenguaje de
Greta Thunberg al subrayar que «una empresa debe ofrecer a sus accionistas un rendimiento de las inversiones que tiene en cuenta los riesgos empresariales asumidos y gestionar con responsabilidad la creación de valor a corto y medio plazo en aras de la obtención de
beneficios sostenibles para sus accionistas». Schwab insiste en que,
para que el capitalismo sobreviva en este nuevo contexto económico digital, el valor de las compañías no puede medirse únicamente en
términos financieros, sino también en
términos medioambientales, sociales y de buen gobierno. Estos estándares, reconoce, no están ni unificados ni aceptados de forma generalizada, por lo que el Foro ha creado un grupo de trabajo dirigido por el
presidente de Bank of America para tratar de definir conceptos.
Donald Trump, que ha confirmado su presencia en el Foro, amenaza con eclipsar el protagonismo de Greta, puesto que será su primera aparición internacional tras la última crisis.
Bolsonaro ha cancelado su participación. El gobierno británico estará completamente ausente en esta 50ª edición del Foro, al cual no concurrirá ni el primer ministro Boris Johnson ni ninguno de sus ministros. «Nuestra prioridad es responder a las urgencias de la población, no la campaña con los multimillonarios», ha dicho Johnson al tabloide Daily Mail.