Y quién ha dicho que el texto oficial lo decido yo. Empezamos bien. Me voy a calmar.
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Las jerarquías que decidieron con sus especialistas en su momento, qué textos coger y qué textos desechar, obedecían a imperativos de consenso, en una situación calamitosa como fue la Compilación de Esdras, que dio lugar a la Septuaginta. Había que reconstruir el templo, unir todo Israel y cicatrizar las heridas después del exilio en Babilonia. Había disensiones y grupos enfrentados. La solución que se tomó fue claramente de compromiso inestable. Estaban los predecesores de los saduceos con su sinagoga de Satanás y su paganización babilónica en la cúspide del poder también entonces, no lo olvides.
Así que de elecciones asépticas, científicas, angelicales y no interesadas olvídate. Baja al mundo real.
El mismo Jesús se quejaba amargamente de que los textos de la Septuaginta, los escribas sellaron (ocultaron) muchos misterios del judaísmo. En el canon actual de la Biblia de Jerusalén, siglo II d.C., no encontramos ninguna referencia al Descendiente del Hombre, ni al Buen Pastor. Al Mesías todas las que quieras. Pero sí las encontramos en los apócrifos del canon esenio. Curioso lo de tus expertos... paparruchas.
Y a partir del siglo II d.C., después de la destrucción del segundo templo, el sitio y toma de Jerusalén y la devastación de Aaaa por el ejército romano, una secta farisaica, precursora del talmudismo actual, se hace hegemónica en el judaísmo y decide hacer una nueva recopilación, aduciendo que el lenguaje se ha quedado desfasado y que es necesario. Y de hecho aprovecha y mete también la podadora.
Siglo IV d.C.: una serie de paracaidistas gnósticos, arribados al cristianismo tras el pacto Iglesia-Estado imperial romano, como asesores imperiales en temas de religión y con el rango inicial de obispos sin diócesis, deciden que el texto a incorporar al canon cristiano-romano sea el texto aprobado por los expertos fariseo-talmúdicos del siglo II d.C. (el de los enemigos de Jesús, los de la sinagoga de Satanás). Fue San Jerónimo el que preparó, tradujo al latín y asesoró sobre la conveniencia de elegir el texto ya puramente proveniente de los peores fariseos que hubo. Y claro, tú no ves intereses políticos y de ingeniería social en absoluto. Solo supuestos expertos.
¿Has enfermado de oficialnoia, estás troleando, o estás siendo completamente sincero? Pues ya no sé qué pensar.
A los esenios tampoco les gustaba el canon de la Septuaginta, básicamente: saduceo, farisaico y celote. Y no cambiaron de religión, siguieron entre ellos con sus propias compilaciones. Juan el Evangelista (no Juan el descendiente de Zebedeo) tiene según muchos especialistas mucha probabilidad de haber sido un sacerdote esenio. ¿Era acaso indigno de ser judío y discípulo del Descendiente del Hombre?
Y yo no soy católico, soy cristiano a secas. Estaría bueno que tú vinieses a darme, o a quitarme, un certificado de cristiandad.
¿Trabajas acaso para el ecumenismo moderno católico-protestante, como para intentar patearme como anatema?
Y las anomalías, a toda esa sarta de incongruencias:
¿Claro, claro, y cómo explicas lo del canon vaticano y sus páginas perdidas?
¿Y cómo explicas lo de los fragmentos masoréticos de los escritos del Mar Perecid?
¿Y cómo explicas lo de la incongruencia de los dos supuestos relatos de la Creación, a los que te referías?
Ah, sí, ya sé: niegas las dos primeras y te apuntas a la hipótesis documentaria y das un paso más hacia el nicolaísmo moderno. Y por supuesto sin salirte jamás de las teorías oficiales y dogmáticas establecidas por supuestos expertos, sin ánimo de manipular.
Lo siento, amigo, pero desde el cariño de años de discusiones, te lo tengo que decir: eres el perfecto crédulo del Concilio Vaticano II.
Felices fiestas,