O2 acumula quejas por cortes de fibra y portabilidades no consentidas
Un usuario de O2 pasó cinco días sin conexión tras una avería mal resuelta por varios técnicos. Tras cambiarse a otro proveedor, la factura final no incluía el descuento proporcional que le habían prometido. No es un caso aislado: otro cliente perdió el servicio casi dos semanas por una portabilidad que no solicitó, y un tercero llevaba más de un año sin poder acceder a la web o app de gestión. Las quejas contra el operador low-cost de Telefónica dibujan un patrón de desatención, promesas incumplidas y prácticas que cuestionan la fiabilidad del servicio.
El calvario de los cortes de servicio
Las incidencias comienzan con una avería. Un usuario relata que, tras reportar la falla, el técnico asignado no se presentó en dos ocasiones. Cuando finalmente acudió, la reparación duró solo media hora. El resultado fueron cinco días sin internet y la decisión de cambiar de compañía. Otro afectado cuenta que un instalador cortó su acometida para dar de alta a otro vecino, porque no encontraba los cables. Este tipo de prácticas son conocidas: enlaces compartidos muestran cómo los instaladores, pagados por baja calidad, a menudo dejan sin servicio a un cliente para activar a otro.
La situación se agrava cuando la interrupción es causada por una falsa portabilidad. Un usuario asegura que O2 inició el traspaso de su línea sin su consentimiento, y luego le dijeron que restaurarla era “difícil”. Pasó casi dos semanas sin servicio hasta que contrató a otro operador. Al darse de baja, confirmaron por teléfono que todo estaba correcto, pero el afectado bloqueó los cargos bancarios por precaución.
Facturas sin descuento y gestión online inaccesible
Las promesas de compensación tampoco se cumplen. En el primer caso, O2 aseguró que aplicaría un descuento proporcional a los días sin servicio, pero la factura final llegó sin ninguna rebaja y con una nota en letra pequeña que justificaba el cargo. Otro cliente estuvo más de un año sin poder acceder a la web ni a la app de O2, y las sucesivas llamadas al servicio técnico no resolvieron el problema. Para colmo, denuncia bloqueos de IP que le obligaban a usar una VPN. La pérdida de confianza tras la toma de control de la empresa por parte del gobierno fue la gota que colmó el vaso.
Un patrón que trasciende lo anecdótico
Aunque las quejas son individuales, la repetición de los mismos problemas –incumplimiento de plazos, portabilidades fraudulentas, facturación incorrecta y falta de acceso a herramientas de gestión– sugiere un fallo sistémico en la atención al cliente de O2. Los afectados coinciden en que la única solución efectiva ha sido cambiar de compañía, y que denunciar por vía legal resulta un calvario burocrático que la mayoría evita. Mientras tanto, el operador sigue captando clientes con tarifas bajas, pero el coste oculto en tiempo y paciencia puede ser alto.
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